Hace cien años, en el país y también en Mendoza se vivían momentos muy convulsionados por la grave crisis social, económica y política.
La inflación, los conflictos sociales y políticos estaban en las tapas de todos los diarios de aquellos momentos. Faltaban pocos meses para que se convocara a elecciones y una gran parte de población tenía la esperanza de que se pudiera revertir la situación.
El país envuelto en una crisis
Era la última etapa de la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen, ya que el 2 de abril de ese año se habían desarrollado los comicios electorales en los que el doctor Marcelo Torcuato de Alvear había ganado las elecciones, por lo cual se vivía una gran expectativa.
Desde un par de años atrás se habían producido muchos reclamos de los obreros por mejores condiciones de vida. Así se vivieron las huelgas de 1919, conocidas como la “semana trágica".
Estas rebeliones o levantamientos siguieron creciendo en 1921 y 1922. Uno de ellos fue en Santa Fe, con el reclamo de los empleados de La Forestal, y posteriormente en el sur patagónico con los trágicos sucesos que enlutaron a la provincia de Santa Cruz, más conocidos como el levantamiento patagónico o “La Patagonia rebelde".
En cuanto a lo económico, la situación era compleja, con aumentos de precios, salarios muy bajos y un déficit fiscal elevado. A pesar de todo, el gobierno de Yrigoyen puso en marcha la empresa estatal para el desarrollo y comercialización del petróleo, denominada Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), de la cual el ingeniero Enrique Mosconi estuvo a cargo por más de ocho años.
De aldea a ciudad
A pesar de la crisis, la urbe mendocina intentaba progresar en forma permanente.
Contaba con varias casas de dos pisos, y algunas de ellas ya eran antisísmicas. además, varias calles estaban empedradas.
Prolijamente trazada, la avenida San Martín era el eje de la gran aldea cuyana. En el centro circulaba el tranvía eléctrico, medio de transporte que había sido inaugurado unos años atrás y conectaba los departamentos de Las Heras y Godoy Cruz. Y si hablamos de vehículos, eran muy pocos los autos que circulaban por las calles.
Es imposible dejar de lado a los distinguidos cafés de esa época, como el llamado Del Progreso y luego Colón, y más hacia la Alameda el Puerto Rico, uno de los tostaderos más importantes que tenía la ciudad.
También estaban los locales de ferreterías y venta de máquinas agrícolas, como la firma Lanús y Alurralde, que vendía sus productos de avanzada tecnología para esa época. Otra, fue la recordada Ferretería Alsina.
El Parque General San Martín, en tanto, se hallaba en su gran esplendor y un nuevo e imponente monumento se levantaba en el viejo cerro del Pilar en honor a la epopeya sanmartiniana, que había sido inaugurado el 12 de febrero de 1914.
Por aquellos años, el cine era uno de los entretenimientos más populares. Las proyecciones se hacían en diferentes cafés como la confitería Colón, y luego se establecieron las salas La Perla y La Mascota, a las que se sumó el llamado Centenario. Todos competían trayendo las mejores películas para captar al público, y de esta manera el cine se transformó en uno de los pasatiempos favoritos de los mendocinos.
En las importantes avenidas San Martín y Las Heras se ubicaban grandes tiendas, como A la Ciudad de Londres, El Barato Mendoza, El Protector de los Pobres y La Gran Casa Colorada.Tampoco podían faltar los más distinguidos negocios de ropa, como Gath & Chaves y The Sportman, que eran muy concurridos por la alta sociedad local. Allí se vendían no solo las más finas prendas de vestir para damas, caballeros y niños, sino también los mejores zapatos y accesorios como tiradores, gemelos para camisas, corbatas y sombreros.
Además de los cafés, las tiendas y los almacenes y ferreterías, existían las mueblerías que vendían un novedoso aparato llamado vitrola, en el que se podía escuchar música a través de discos denominados 'de pasta' a los grandes músicos y cantantes de varios géneros, desde los más clásicos como Caruso hasta los más populares, como tango y folclore. Por supuesto, Carlitos Gardel arrasaba con su voz.
También, desde Estados Unidos un ritmo denominado jazz invadió el territorio nacional y se infiltró también en nuestra provincia.
Ese mismo año, quedó inaugurado el majestuoso edificio del Jockey Club, en plena calle San Martín.
Tiempos difíciles
Cien años atrás, nuestra provincia pasaba por una crítica situación económica.
El 4 de febrero de 1922 Carlos Washington Lencinas –representando a la Unión Cívica Radical– asumió el cargo de gobernador de la provincia. Estuvo acompañado por su vice, Juan Bautista Gargantini, y sus ministros Carlos Puebla, en Gobierno; Jorge Céspedes en Hacienda, y Leopoldo Suárez en Industria y Obras Públicas
A tan sólo cinco días de su asunción, el Gauchito Lencinas (apelativo que lo identificaba como continuador de su progenitor, José Néstor) dispuso una serie de medidas. Entre otras cosas, decretó la reorganización de las municipalidades y que el 60 por ciento del impuesto aplicado al vino fuera pagado en moneda nacional.
En los meses posteriores, promovió la construcción del Plaza Hotel-Casino y del Teatro Independencia, además de un hospital para enfermedades infecciosas (que lleva el nombre de José Néstor Lencinas) y el de San Rafael, Teodoro Schestakow. Además, ordenó la creación de la Caja Obrera de Pensión para la Vejez e Invalidez.
A pesar de la auspiciosa llegada al poder de Lencinas, gran parte de la población de Mendoza no tenían trabajo, faltaba el dinero y todo era un caos.La moneda escaseaba y el gobierno tuvo que emitir bonos para salir al paso de la profunda depresión. Muchas familias trabajadoras se refugiaron en varios conventillos que existían en la Cuarta y en la Sexta sección de la Capital.
La pobreza era tal, que los chicos andaban en bandas por las calles, pidiendo o tratando de robar algo para comer.
Fue en ese tiempo cuando nacieron las 'ollas populares', que se instalaban en distintas esquinas de la ciudad. A ese punto de distribución de alimentos, acudían hombres, mujeres y niños que desfilaban con sus tachos o platos para saciar sus necesidades más básicas.
Debido a la crítica situación, algunas entidades de beneficencia y filantrópicas que existían en la ciudad también colaboraban con una parte de la población que se encontraba casi en la indigencia.Fueron momentos muy duros, pero poco tiempo después el país y la provincia iniciaron una etapa de recuperación económica y se pudo revertir con éxito la penosa situación.