Así fue como la sonda Blue Ghost logró un alunizaje histórico
Una sonda privada logró un importante hito en la exploración lunar, consolidando el avance de nuevas misiones espaciales. Cómo impacta en la exploración espacial.
La sonda Blue Ghost logró un aterrizaje exitoso en la Luna y marcó un hito en la exploración privada
El pasado 2 de marzo, a las 5:45 hora argentina, la sonda Blue Ghost culminó con éxito su descenso sobre la superficie lunar, específicamente en el Mare Crisium.
Este logro representa la tercera misión del programa Servicios Comerciales de Carga Lunar (CLPS, por sus siglas en inglés), una iniciativa clave dentro del programa Artemis que busca establecer un retorno sostenido a la Luna con la colaboración de Estados Unidos, Europa, Japón y otros países.
A diferencia de la carrera espacial de los años 60, ahora las empresas privadas desempeñan un papel fundamental en la exploración espacial, llevando equipos científicos y tecnológicos a nuestro satélite natural.
Un antecedente inmediato en el marco del programa CLPS fue la fallida misión de la sonda Peregrino, cuyo problema de propulsión obligó a su empresa, Astrobotic, a dirigirla de regreso a la Tierra, donde se desintegró en la atmósfera.
Posteriormente, la compañía Intuitive Machines logró con éxito el aterrizaje del módulo Odiseo, convirtiéndose en la primera empresa privada en alunizar y en el primer módulo estadounidense en hacerlo desde la misión Apolo 17 en 1972.
Sin embargo, se descubrió que Odiseo había quedado recostado de lado sobre la superficie lunar. En contraste, Blue Ghost, con sus dos metros de altura y tres metros y medio de ancho, se convirtió en la primera sonda privada del CLPS en lograr un aterrizaje completamente estable.
Propiedad de la empresa Firefly Aerospace, Blue Ghost fue lanzada el 15 de enero desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA, en Florida, a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX.
La sonda transporta 10 instrumentos científicos destinados a recopilar información y probar tecnologías que serán clave para futuras misiones. Entre los experimentos a realizar se encuentran pruebas de herramientas que facilitarán el descenso seguro de astronautas en la Luna y Marte, así como la instalación de retroreflectores lunares que permitirán medir con precisión la distancia entre nuestro planeta y su satélite.
Además, el dispositivo LISTER buscará perforar hasta tres metros de profundidad para analizar el flujo de calor subterráneo, y el sistema Lunar PlanetVac recolectará muestras del regolito lunar para su análisis.
El 14 de marzo, Blue Ghost tiene programado capturar imágenes de alta resolución de un eclipse solar, fenómeno que ocurrirá cuando la Tierra bloquee la luz del Sol vista desde la Luna.
Dos días después, al acercarse el final de su misión, documentará la puesta del Sol y el resplandor provocado por el polvo lunar en el horizonte, un efecto que fue observado por el astronauta del Apolo 17, Eugene Cernan. A pesar de que la noche lunar dura aproximadamente dos semanas, la sonda seguirá operando por algunas horas en la oscuridad antes de finalizar su misión.
Los alunizajes siguen siendo una operación de alto riesgo incluso en la actualidad. En 2023, la India logró con éxito la llegada del módulo Vikram, pero solo después de un intento fallido en 2019. Por su parte, la empresa israelí SpaceIL y la compañía japonesa Ispace también enfrentaron fracasos en sus intentos de alunizaje en los últimos años.
En este contexto de creciente actividad espacial, se espera que más naves continúen llegando a la Luna. Recientemente, Intuitive Machines lanzó el aterrizador Athena, que prevé alunizar el 6 de marzo, mientras que Ispace planea un nuevo intento con su módulo Resilience entre mayo y junio.
Este renovado interés en la exploración lunar se da en un momento de cambios en la NASA, que enfrenta una revisión de contratos y posibles reducciones de personal tras una auditoría gubernamental liderada por Elon Musk.
Además, Jared Isaacman, el empresario y astronauta comercial, fue propuesto como nuevo administrador de la agencia espacial, lo que podría influir en el futuro del programa Artemis y otras misiones.
La misión Blue Ghost no solo representa un éxito para Firefly Aerospace, que recibió un contrato de 93 millones de dólares por parte de la NASA (cifra que aumentó a 101,5 millones debido a costos adicionales), sino que también refuerza la creciente participación de empresas privadas en la exploración espacial.
Con cada nuevo alunizaje, el programa CLPS avanza en su objetivo de consolidar un modelo de cooperación público-privada en la conquista del espacio.