"Es mi casa, no la suya, negros" gritaba el hombre, parado en el umbral de la puerta de salida del transporte público. Después de aguantar un minuto de agresiones, tres jóvenes que estaban siendo discriminados por su color de piel se pararon para bajarse y uno de ellos decidió ajusticiar al agresor, que terminó tendido boca arriba en el piso, inconciente.
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Después del incidente, el tren detuvo la marcha para dejar entrar a personal médico, que realizó tareas de reanimación.