A esta dulce mascota lo que menos le gusta es ir al veterinario, por eso Lulú tomó medidas desesperadas para no ir.
Simuló estar muerta durante mucho tiempo. Micky, su dueña, intenta despertarla para llevarla al doctor y ella ni se inmuta, haciendo oídos sordos a los llamados.
Actúa como si ya no hubiese rastro de vida en ella. Salvo que no puede evitar respirar y se nota, sin embargo ni siquiera cuando la destapan se mueve.
Una actuación digna de un premio Oscar, hasta que un fatal paquete de galletas aparece en escena. Lulú no pudo resistirse y se levantó rápidamente al sentir el aroma a sus galletas preferidas.
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