Elecciones en la historia: ¿cómo era votar en 1873?
El país estrena el uso de la Boleta Única de Papel en forma masiva, con un sistema más rápido, limpio y confiable. Pero en los inicios de la democracia argentina, nuestros abuelos utilizaban urnas que hoy son pieza de museo. Conocé el viejo sistema de votación.
Hay normas que han sido parte de la evolución social: las leyes de tránsito, el sentido de marcha en las calles, las leyes de unión civil, y hasta las de divorcio. Muchas se adaptaron a los nuevos tiempos, y entre ellas aparece una que pudo cambiar con el paso de los años: la ley electoral. ¿Pero cómo era votar en el pasado? ¿Cómo eran, por ejemplo, las urnas que utilizaban nuestros tatarabuelos?
La Ley Electoral Argentina de 1873 fue la primera que eliminó el voto oral, reemplazándolo por el voto público en papel. Cada elector debía escribir el nombre de su candidato y, aunque significó un avance al eliminar el voto a viva voz, no alcanzó a establecer el voto secreto: sucede que el votante entregaba el papel con su nombre y el de su candidato, para que ellos lo depositaran en la urna.
Frente de la urna de 1873. La tatarabuela de las de cartón corrugado que utilizamos en la actualidad.
Esas urnas, tan lejanas a las cajas de cartón corrugado que se utilizan actualmente, eran toda una antigualla, pero con medidas de seguridad. Las urnas que se usaron en 1873, cuando era presidente Domingo Faustino Sarmiento, estaban hechas de madera ensamblada, y contaban con una malla de metal que permitía comprobar si estaba vacía al comienzo de la votación.
Tapa con ranura, y la llave correspondiente. Eran los intentos de hacer del voto algo secreto.
Al terminar el acto eleccionario, se cubría la abertura y se cerraba con una llave metálica, llave que estaba presente en cada caja. A continuación se la precintaba, principalmente con lacre. El modelo que se muestra en esta nota es parte de una donación que el Archivo General de la Nación hizo al Museo Histórico Nacional, en su sección "Museo Electoral".
Cambios necesarios
Puede decirse, casi sin lugar a dudas, que esta urna atravesó las modificaciones que más tarde se hicieron imprescindibles. Es que hasta ese entonces (hablamos de 1873), el voto no era del todo secreto: recordemos que el votante entregaba el papel con su nombre y el nombre del candidato, lo que dejaba al descubierto la identidad de quien emitía el sufragio.
Julieta Lantieri fue la primera mujer en América Latina en emitir su voto, en 1911. Faltaban mucho para llegar a un sufragio realmente secreto.
Esto cambió en 1905. En ese año se impuso el voto en sobre cerrado, dentro de un cuarto oscuro con las boletas impresas. La urna ya tenía una única puerta habilitada, con ventanas selladas, y este proceso vio la luz el 19 de febrero de 1912, ya con el nombre de Ley Sáenz Peña, en honor a Roque Sáenz Peña, el mandatario de ese entonces.
No obstante, pasaría un largo tiempo hasta que se desterraran prácticas como la compra de votos, el robo de urnas, o la falsificación de padrones. Pero eso ya es parte de otra historia.