El sector vitivinícola argentino se encuentra inmerso en un proceso de adaptación y reinvención para hacer frente a los desafíos del mercado global y local. Milton Kuret, director ejecutivo de Bodegas Argentina, señaló en Círculo Político, por Ciudadano News, que "el principal reto de la industria no es solo de producto, sino que también abarca aspectos comerciales, financieros y de marketing".
Los productores de vinos deben responder a preguntas clave para su supervivencia: "¿Cómo hacemos para que nuevos consumidores se acerquen a nuestra bebida? ¿Cómo hacemos para que nuevos inversores se interesen en la industria? ¿Cómo hacer que el sector tenga atractividad para los inversores nacionales y extranjeros?". Kuret ilustró la magnitud del cambio, recordando que "el consumo per cápita pasó de cerca de 90 litros en la década del 70 a los 16 litros actuales", si bien con características de producto muy diferentes.
Malbec: una estrategia de regionalización
La transformación de la industria se gestó a fines de los 80 y principios de los 90, cuando la estabilidad económica impulsó una era exportadora e inversora. Ante la imposibilidad de competir con las históricas "zonas" europeas, el Nuevo Mundo del vino (incluida Argentina) se "embanderó detrás de varietales". Argentina tuvo la suerte de encontrar en el Malbec un varietal que se adoptó muy bien a sus tierras y resultó agradable al paladar de los consumidores.
Sin embargo, la estrategia de venta no se detuvo allí: "En este proceso de cambios, Argentina tiene muchos más para ofrecer. Hubo una profundización en la regionalización del mismo malbec", explica Kuret. Esto ha llevado a que zonas como el Valle de Uco o Cafayate (en Salta) adquieran identidad propia y sean reconocidas globalmente, diversificando la oferta con variedades de alta gama como el Cabernet Franc y el Bonarda, para satisfacer la curiosidad de los consumidores.
El obstáculo de la competitividad arancelaria
A pesar de la calidad del producto y la innovación en el porfolio, la industria enfrenta una disminución de las exportaciones, que acompaña una tendencia mundial. Kuret destacó un factor que impacta directamente en la competitividad argentina: la falta de tratados bilaterales. "Somos el país productor del mundo que más derechos de acceso a los mercados paga en el mundo de las transacciones internacionales de vino".
Se estima que el costo promedio de estas transacciones es de alrededor del 5% de la facturación para acceder a mercados donde competidores como Chile y Australia pagan casi cero. La esperanza del sector está puesta en la concreción del acuerdo con la Unión Europea, que abriría la puerta a otros convenios que permitan al vino argentino ingresar en igualdad de condiciones.
Esto se evidencia en el enoturismo, que ha evolucionado de una simple visita a una "experiencia gastronómica y una experiencia hotelera", atrayendo inversiones a bodegas y viñedos. La tecnología, con drones y cosecha mecánica, también se suma a la renovación constante del capital de trabajo. Para Kuret, "el vino es una cultura que acompaña al hombre desde hace miles de años, un hecho que, sumado a la calidad del producto, impulsa a la industria a seguir adaptándose y reinventándose".

