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El impresionante vuelo de más de 100 cóndores conmueve a científicos y viajeros

Un fenómeno inusual en los cielos del norte neuquino dejó sin aliento a quienes lo presenciaron. Pero detrás de la imagen espectacular hay mucho más que asombro.

Ciudadano.News

Por Ciudadano.News

28 Mayo de 2025 - 10:52

Neuquén, testigo de un fenómeno que podría cambiar la forma en la que vemos los cóndores.
Neuquén, testigo de un fenómeno que podría cambiar la forma en la que vemos los cóndores. -

28 Mayo de 2025 / Ciudadano News / Sociedad

En los cielos de Neuquén, sobre el paraje Vega del Tero —en las cercanías del Volcán Domuyo y Los Bolillos, sobre la Ruta 43—, un fenómeno conmovedor detuvo el tiempo para quienes lo presenciaron. Más de 100 cóndores andinos surcaron el aire en una formación hipnótica, como una danza ancestral sostenida por las corrientes térmicas de la Patagonia norte.

El avistamiento, documentado por un fotógrafo local y viralizado rápidamente en redes sociales, no es un hecho aislado. 

En otras ocasiones, se han observado grupos de hasta 130 individuos congregados para alimentarse de animales muertos, especialmente durante el deshielo primaveral o en el final del invierno, cuando las oportunidades de carroña aumentan en áreas montañosas. Este tipo de eventos no solo despierta asombro, sino que pone en primer plano la majestuosidad y, a la vez, la vulnerabilidad de una especie clave para el equilibrio ecológico: el cóndor andino (Vultur gryphus).

El cóndor andino: una obra maestra del aire

Reconocido como el ave voladora terrestre más grande del mundo, el cóndor andino es un símbolo biocultural de Sudamérica y uno de los principales exponentes de la megafauna aérea. Pertenece a la familia Cathartidae, que incluye a los buitres del Nuevo Mundo, y posee características que lo hacen único.

  • Envergadura alar: puede superar los 3 metros.
  • Peso: hasta 15 kg en machos adultos.
  • Coloración: cuerpo negro con plumas blancas en el cuello y manchas alares.
  • Dimorfismo sexual: la hembra es más pequeña; el macho presenta una carúncula (cresta carnosa) distintiva y barba.
  • Cabeza y cuello desnudos: rojizos, cambian de tonalidad según el estado emocional.
  • Su tamaño determina su hábitat: necesita zonas de gran altitud con fuertes corrientes de aire para planear sin esfuerzo. Aletea poco y puede recorrer grandes distancias con energía mínima.

Una biología de ritmos lentos: fortaleza y debilidad

El cóndor andino tiene una de las tasas reproductivas más bajas del reino de las aves. En promedio, pone un solo huevo cada dos años, y su ciclo de crianza es prolongado. 

Esta baja fecundidad se compensa parcialmente con una alta longevidad y supervivencia adulta. Sin embargo, este rasgo biológico representa un punto débil frente a cualquier incremento en la mortalidad causada por el ser humano o por alteraciones en su hábitat.

Para que su población se mantenga estable, las tasas de mortalidad deben ser excepcionalmente bajas. Cualquier pérdida significativa —especialmente de individuos adultos— puede tener efectos a largo plazo sobre la viabilidad poblacional. Esto convierte al cóndor en una especie "K", es decir, con estrategias de vida centradas en pocos descendientes pero gran inversión parental.

El rol ecológico del carroñero por excelencia

El cóndor andino no caza: es carroñero. Su dieta está compuesta casi exclusivamente por cadáveres de animales, sobre todo herbívoros grandes. Esta especialización lo convierte en un agente esencial para la salud de los ecosistemas:

  • Reduce focos de enfermedades al eliminar animales muertos.
  • Facilita la limpieza del paisaje y el equilibrio entre especies carroñeras.
  • Ayuda a detectar muertes masivas, contribuyendo a estudios sanitarios o ambientales.

Puede consumir hasta 4 kg de carroña por día y almacenar parte en su buche. Su pico es fuerte, adaptado para abrir la piel gruesa de cadáveres, lo que permite que otras especies carroñeras accedan luego a las vísceras.

En Argentina y otros países, el cóndor ha sustituido en parte a la fauna nativa por el ganado doméstico, volviéndose dependiente de animales introducidos. Este cambio en la fuente de alimento también lo hace más vulnerable a conflictos con el sector ganadero.

Entre la admiración ancestral y el conflicto actual

Un símbolo sagrado en la cosmovisión andina

Desde tiempos preincaicos, el cóndor ha sido observado, venerado y simbolizado en toda la cordillera de los Andes. 

En la cultura Inca, representaba el mundo celestial. Hoy es símbolo nacional en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia. Su figura aparece en mitologías, textiles, cerámicas y rituales.

La mirada contemporánea: tensión con el mundo rural

Pese a esta veneración ancestral, en ciertas regiones rurales se lo percibe como amenaza para el ganado. 

Aunque la ciencia demostró su comportamiento necrófago, algunos testimonios sostienen que ataca a animales recién nacidos o debilitados. Estas narrativas, en parte construidas por la superposición de territorios ganaderos y áreas de distribución de cóndores, generan temor y rechazo. Esto ha llevado a casos de:

  • Envenenamiento con cebos tóxicos.
  • Matanza directa con armas de fuego.
  • Colisiones con tendidos eléctricos.
  • Intoxicación por plomo de municiones en carroña.
  • Tráfico de partes del ave para medicinas tradicionales (ej. huesos molidos o corazón en polvo).

Situación de conservación: un mapa desigual

A nivel global, el cóndor andino está catalogado como "Casi Amenazado" por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y figura en el Apéndice I de CITES, que prohíbe su comercio internacional. Sin embargo, su situación varía según el país:

  • Venezuela y Colombia: en peligro crítico, con poblaciones casi extintas.
  • Ecuador y Perú: en retroceso, con esfuerzos de reintroducción.
  • Chile: catalogado como "Vulnerable".
  • Argentina: sin una categoría oficial única, pero con signos de retracción poblacional.

La conservación en acción

En Argentina, el Plan Integral para la Conservación del Cóndor Andino (PCCA) impulsa estrategias concretas como:

  • Cría en cautiverio y liberación controlada.
  • Seguimiento satelital de individuos.
  • Generación de corredores biológicos y áreas protegidas.
  • Campañas de educación ambiental.
  • Participación comunitaria en la detección de amenazas y rescate.

A esto se suma el potencial del ecoturismo de avistamiento, que puede ofrecer ingresos alternativos y reforzar el valor simbólico del cóndor como especie bandera.

¿Por qué importa proteger al cóndor?

La observación de un centenar de cóndores volando en Neuquén es más que una postal espectacular: es un recordatorio de todo lo que está en juego. 

El cóndor no solo limpia los paisajes y previene enfermedades. Representa un puente entre el cielo y la tierra, entre el pasado ancestral y los desafíos ambientales del presente.

Su protección demanda algo más que programas científicos: exige empatía, convivencia informada y voluntad colectiva. Preservarlo es defender no solo una especie, sino un legado biocultural invaluable que define la identidad de los Andes.

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