El churro es más que una factura en Mendoza; es una tradición ligada a la familia Agüero. Lo que comenzó como una idea del abuelo César, en la década del '50, hoy es un imperio con 13 sucursales, cuya esencia es mucho más profunda que la masa frita y el dulce de leche.
La titular de Churrico, Laura Agüero, compartió en El Interactivo de Ciudadano.news la historia de la empresa, destacando cómo un cruce con una leyenda del cine marcó el camino.
El origen inesperado: Cantinflas y el mozo
La anécdota fundacional se remonta a la época en que César, el abuelo, trabajaba como mozo en un hotel de calle Las Heras. Allí conoció al famoso actor mexicano Cantinflas.
"Lo atiende como mozo y el hombre después de comer le pregunta si él sabía dónde podría comer churros porque en México está muy legado a la cultura española", relató Agüero.
Como en Mendoza no existía esa costumbre, la idea quedó rondando en la cabeza de su abuelo. A esa inquietud se sumó una adversidad personal: "Fallece Eva Perón y, por no ponerse el luto, el delegado del hotel lo echa".
Esa situación lo impulsó a buscar un nuevo rumbo y a concretar el proyecto de los churros, que luego fue perfeccionando hasta crear su propia receta.
La enseñanza familiar que marcó el camino
La empresa, que hoy da trabajo a numerosas familias, tuvo que atravesar uno de sus mayores desafíos: la pandemia.
En un contexto en el que los negocios permanecían cerrados y las deudas se acumulaban, la familia apostó a la unión y al esfuerzo colectivo: "Fuimos pagando todas las deudas y sentimos la alegría de ver que, ante la adversidad, pudimos reinventarnos".
El éxito sostenido por casi 60 años se basa en esta misma fuerza familiar y un lema claro que forma parte de sus valores como empresa.
"un lema que forma parte de nuestros valores empresariales: vendemos momentos de felicidad", concluyó Laura Agüero.
