El 15 de octubre de 2025, Uruguay se convirtió en el primer país de América Latina en legalizar la eutanasia mediante una ley nacional. La llamada Ley de Muerte Digna fue aprobada en el Senado con 20 votos a favor de 31, luego de obtener el aval de la Cámara de Representantes en agosto. El proyecto será promulgado en los próximos días por el presidente uruguayo, marcando un hito regional en el debate sobre el derecho a decidir el final de la vida.
En Argentina, la discusión sobre la eutanasia no tiene aún tratamiento legislativo, pero sí cuenta con un alto nivel de aprobación social. Según el equipo de investigación Pulsar UBA, un 77% de los argentinos está muy o bastante de acuerdo con permitir que las personas tomen decisiones sobre su propia muerte en situaciones médicas extremas.
"El tema no aparece como un tabú —explica el sociólogo e investigador de la UBA, Máximo Reina en diálogo con Sin Verso.—. Hay consenso social en torno a la idea de que cada individuo pueda decidir sobre su cuerpo y su muerte. A diferencia de otras agendas, como el aborto o la legalización de la marihuana, la eutanasia genera muy poca resistencia en términos de opinión pública".
Reina señala que el debate se enmarca en un cambio más amplio sobre la relación entre individuo y colectividad. "Estamos ante un momento histórico en el que las sociedades comienzan a aceptar que ciertas decisiones íntimas, vinculadas al cuerpo o a la salud, pertenecen a la esfera individual. En este caso, el individuo pasa a tener más peso que el parecer colectivo. Es un cambio profundo y, en algún sentido, revolucionario", sostiene.
Una mirada cultural y religiosa
Consultado sobre el impacto del componente religioso en una sociedad de tradición católica como la argentina, Reina aclara que "nuestro catolicismo es más cultural que dogmático".
"Encontramos que hay tantas maneras de ser católico como personas —añade—. Muchos creen en Dios, pero no necesariamente siguen las normas de la Iglesia. Esa flexibilidad explica por qué temas como la eutanasia no generan el rechazo que podrían haber provocado hace algunas décadas".
El investigador destaca, además, que el apoyo a la eutanasia se mantiene estable desde hace varios años en las mediciones de Pulsar UBA. No obstante, advierte que los resultados pueden variar según cómo se formule la pregunta.
"Cuando especificamos que se trata de situaciones médicas extremas, el acuerdo sube al 77%. Si eliminamos esa condición, el número baja. Eso muestra la sensibilidad del tema y cómo los matices influyen en la opinión pública", explica.
Un cambio social con consenso
Reina considera que el consenso alcanzado en Uruguay "es muy valioso", especialmente porque la ley aprobada se limita a personas con enfermedades irreversibles o en etapa terminal.
"Para quienes temen que se trate de una forma de suicidio asistido o de una política pro muerte, no es así. La norma uruguaya se aplica solo en casos de sufrimiento insoportable causado por enfermedades incurables. Es un paso racional, humanista y prudente", argumenta.
El sociólogo concluye que el avance uruguayo puede actuar como espejo para la región:
"Lo que está diciendo Uruguay, en definitiva, es que en ciertas circunstancias la decisión individual sobre la propia vida pesa más que la moral colectiva. Y ese es un mensaje que muchas sociedades latinoamericanas ya están dispuestas a escuchar".

