Travesía

Una "familia rodante" y la hazaña de un viejo Renault 12

Cansados de pelearla, vendieron todo y se largaron a la aventura en un viejo auto del '74

Ciudadano.News

Por Ciudadano.News

18 Julio de 2025 - 18:30

La familia en su Renault 12
La familia en su Renault 12 NA

18 Julio de 2025 / Ciudadano News / Sociedad

Vivir en Argentina es un desafío constante, marcado por la incertidumbre económica, y en algunos casos ese cansancio genera decisiones llamativas, como la de una familia cordobesa que decidió cargar sus sueños en un icónico Renault 12 modelo '74 y lanzarse a la aventura de recorrer la mítica Ruta 40 de cabo a rabo. 

Es la historia de los Pérez, que a fuerza de resiliencia y amor por Argentina salieron a la ruta, y demostraron que los viajes más extraordinarios no siempre requieren de grandes fortunas. Jorge, de 45 años, sentía que tenía una vida estancada entre el taller mecánico y las cuentas que no cerraban, de acuerdo al testimonio que brindó, donde relató que sentía que la vida se les estaba pasando al ver a su esposa Laura (43) agotada de corregir pruebas, y a sus hijos absortos en las pantallas.

Todo cambió una noche, cuando durante la cena su hijo Mateo, de 10 años, le preguntó sobre cuándo conocerían el mar. Respondió su hija Sofía, de 14, argumentando la imposibilidad económica de hacerlo, y ese fue el detonante: Laura, maestra de primaria y madre de los niños remarcó que en ese momento decidieron que el sueño de sus hijos no podía ser imposible, y que su verdadero capital no sería el dinero, sino el tiempo que pasaran juntos.

¿Qué siguió? Vendieron una pequeña moto, algunos electrodomésticos y juntaron un presupuesto que muchos considerarían insuficiente para una semana de vacaciones en la costa. Pero su plan era mucho más ambicioso: conquistar los 5.170 kilómetros de la Ruta 40, desde Santa Cruz hasta Jujuy, en su fiel "Guerrero", el R12 de la familia.

 

La Patagonia

 

El R12 cargado hasta el techo con una carpa, bolsas de dormir y una caja de herramientas que se volvería el salvavidas de Jorge se adentró en los duros paisajes patagónicos, y recuerda un episodio en un tramo de ripio cerca de Gobernador Gregores, donde reventaron una cubierta en medio de la nada y sin señal. Mientras él se ocupaba de cambiar la goma, el resto de la familia juntaba leña en previsión de tener que pasar la noche a la intemperie.

 

El presupuesto familiar
El presupuesto familiar

 

Entonces aparece el milagro: en esos momentos de máxima vulnerabilidad encontraron la mayor riqueza del viaje, un puestero de una estancia cercana los vio y se acercó. No solo les ofreció agua caliente para el mate, sino que los invitó a pasar la noche en un galpón, al resguardo del frío. Con la voz entrecortada, Laura relató que esa noche, compartiendo un guiso, comprendieron que el viaje no se trataba solo de paisajes, sino de la gente y de encontrar la Argentina real y solidaria en el camino.

Los días transcurrían entre maravillas naturales como el Chaltén y el desafío de estirar cada peso, mientras pernoctaban en campings municipales, a veces gratuitos, donde los chicos aprendieron a armar la carpa y a valorar un plato de fideos calientes bajo un cielo estrellado como el mayor de los lujos.

 

Cuyo y el Norte

 

La travesía los llevó por fin a Cuyo, donde el paisaje cambió y las viñas de Mendoza y los valles de San Juan se convirtieron en el aula de Sofía y Mateo. Laura asegura que en esos meses aprendieron más geografía e historia que en años de escuela. Por su parte, Jorge, con su ingenio de mecánico, adaptó un pequeño sistema para calentar agua con el calor del motor, ahorrando en gas para el anafe.

Al final del camino los esperaba la Quebrada de Humahuaca, con su paleta de colores imposibles, y al llegar al cartel que marca el final de la Ruta 40 en La Quiaca los sacudió un torbellino de emociones. Según cuenta Sofía, quien documentó todo el viaje en un cuaderno, se abrazaron y lloraron, no solo por la meta alcanzada, sino por todo lo que habían vivido en el camino, lo que los hizo más fuertes y unidos como familia.

El regreso a su casa fue sin un peso, pero con un cúmulo de vivencias y experiencias que valen más que cualquier otra cosa, Jorge concluye, con una palmada de cariño al capó de su R12, que aunque el auto no tiene lujos como aire acondicionado o dirección hidráulica, los llevó al viaje de sus vidas. La lección final, para él, es que para ser feliz se necesita mucho menos de lo que la sociedad de consumo impone.

 

Con información de Noticias Argentinas

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