Los recientes y lamentables incidentes viales que cobraron víctimas fatales en las rutas argentinas ponen de relieve una tragedia constante que se repite año tras año en Argentina: la alta siniestralidad vial.
Desde 2008, el país ha mantenido una dolorosa estadística con un promedio de casi 4.000 víctimas fatales anuales en siniestros de tránsito, una cifra que lo posiciona como una de las principales causas de muertes violentas.
Tendencia: se mantiene el drama pese a los esfuerzos
Desde la creación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) en 2008, el año inicial arrojó una cifra de 7.552 personas fallecidas (contabilizando a quienes mueren hasta 30 días después del hecho) en siniestros con víctimas en todo tipo de vías.
En años posteriores, aunque se observó una reducción inicial, las cifras se estabilizaron en un rango que ha oscilado, pero se ha mantenido persistentemente alto, alrededor de las 4.000 muertes en el lugar del hecho, cifra que la ANSV utiliza con más frecuencia para sus reportes preliminares.
Una baja temporal y engañosa en tiempos de pandemia
Un punto de inflexión en las estadísticas se produjo durante la pandemia de COVID-19, especialmente en 2020, cuando las restricciones a la circulación generaron una disminución notable, con un registro de 2.983 víctimas fatales.
Sin embargo, al retomarse las actividades y la movilidad, los números volvieron a ascender. Por ejemplo, en 2021 se registraron 3.827 víctimas mortales, y en 2023 se contabilizaron 3.955 muertes viales.
Desafíos: la mitad de las víctimas son jóvenes
El análisis de la ANSV subraya que más allá del número absoluto, el perfil de las víctimas es alarmante: aproximadamente la mitad de los fallecidos son jóvenes menores de 35 años.
Además, el motovehículo se ha convertido en uno de los rodados con mayor crecimiento en el parque automotor y, consecuentemente, con mayor riesgo de siniestralidad y mortalidad.
Los estudios también destacan la importancia de la prevención y el control, ya que factores como el exceso de velocidad, el consumo de alcohol y estupefacientes están consistentemente implicados en los incidentes más graves.
La siniestralidad vial no solo es una estadística, sino un drama social y de salud pública que requiere un compromiso sostenido en controles, infraestructura, y concientización para proteger a las familias argentinas de tragedias evitables.