A 14 años de la Tragedia de Once: un solo preso, deudas millonarias y el fantasma de un tren que sigue siendo peligroso
Se cumple un nuevo aniversario del siniestro ferroviario que marcó un antes y un después en Argentina. Entre obras abandonadas y fallos judiciales, el Sarmiento opera bajo una sombra de precariedad.
Este 22 de febrero, la Tragedia de Once cumple 14 años con una herida que, lejos de cerrar, supura indignación en el tejido social. Aquella mañana de 2012, la formación 3772 se incrustó en el andén 2 de la terminal porteña, llevándose la vida de 51 personas y dejando casi 800 heridos. Hoy, el escenario es un amargo recordatorio de un sistema ferroviario que sigue fallando y una obra de infraestructura faraónica que terminó sepultada bajo el peso de la corrupción y el abandono presupuestario definitivo.
La impunidad de las obras y el único condenado tras las rejas
A pesar de los más de veinte condenados originales que tuvo la causa, la realidad judicial de este 2026 muestra un panorama desolador para los familiares de las víctimas. Solo Julio De Vido permanece hoy en prisión, luego de que la Corte Suprema dejara firme su sentencia a finales de 2025 por administración fraudulenta. Mientras otros exfuncionarios responsables ya gozan de libertad condicional, los usuarios del Ferrocarril Sarmiento enfrentan un riesgo cotidiano. El soterramiento, esa promesa que iba a evitar nuevas muertes, fue definitivamente cancelado el año pasado tras un gasto inútil de 420 millones de dólares que solo dejó un túnel ciego e inconcluso.
De los más de veinte condenados originales, solo Julio De Vido permanece hoy en prisión.
El drama no es solo estadístico. Testimonios como el de Leonardo Sarmiento, el sobreviviente rescatado tras cuatro horas de agonía, reflejan un trauma persistente que se traduce en pesadillas recurrentes. Para los miles de pasajeros que utilizan el ramal diariamente, viajar sigue siendo "una lotería", una advertencia que cobró vigencia brutal en noviembre pasado cuando una formación volvió a descarrilar en Liniers. Sin una puesta a punto integral y con la desinversión estructural como norma, el Sarmiento se mantiene como un servicio donde el azar tiene más peso que la seguridad técnica. A catorce años del impacto, la memoria de las víctimas exige una justicia efectiva que trascienda los tribunales y se vea reflejada en vías seguras.