¿Diagnóstico o construcción machista?

¿Cómo diferenciar la adicción sexual de la ninfomanía?

Aunque muchos las usan como sinónimos, la adicción sexual y la ninfomanía no son lo mismo. Una de ellas ni siquiera existe como diagnóstico médico oficial.

Por Ciudadano.News

Imagen ilustrativa. — Freepik.

En los últimos años, se habla más abiertamente sobre salud mental y sexualidad. Pero no siempre usamos bien los términos. Dos palabras que suelen confundirse —y que muchas veces se dicen sin saber bien qué significan— son "adicción sexual" y "ninfomanía".

Aunque ambas tienen que ver con un deseo sexual que parece excesivo, no son lo mismo. Y entender esa diferencia puede ayudar a dejar de juzgar y empezar a comprender mejor.

¿Qué es la ninfomanía y por qué ya no se usa ese término?

Ninfomanía es una palabra antigua y cargada de prejuicios. Se usó durante mucho tiempo para hablar de mujeres que tenían un deseo sexual "demasiado alto", según lo que la sociedad de cada época consideraba "normal". El problema es que esa idea venía más del juicio moral que de la ciencia. Era una forma de etiquetar (y muchas veces castigar) a las mujeres por vivir su sexualidad con libertad.

Hoy, la medicina y la psicología ya no utilizan ese término. De hecho, no es un diagnóstico válido. En su lugar, se habla de hipersexualidad o trastorno de conducta sexual compulsiva, tanto en hombres como en mujeres. ¿Por qué? Porque el deseo sexual alto, por sí solo, no es un problema. Lo que se analiza es si la persona puede controlar ese impulso y si eso le causa sufrimiento o problemas en su vida diaria.

¿Qué es la adicción sexual?

Lo que comúnmente se llama "adicción sexual" se refiere a una situación más compleja: cuando alguien no puede dejar de tener conductas sexuales, aun sabiendo que eso le está haciendo daño. Puede generar angustia, problemas en la pareja, en el trabajo o en la vida personal. A esto se lo llama clínicamente conducta sexual compulsiva.

Ahora bien, no todos los médicos están de acuerdo en llamarlo "adicción". De hecho, algunos manuales de salud mental como el DSM-5 no la reconocen como una adicción formal, mientras que otros, como el CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud, sí la incluyen, pero con otro nombre: trastorno de conducta sexual compulsiva.

¿Cómo se reconoce este trastorno?

Algunas señales que pueden indicar que una persona está atravesando este problema son:

  • Tiene pensamientos sexuales muy frecuentes e intensos que le cuesta controlar.
  • Sigue teniendo conductas sexuales aunque sabe que le traen problemas.
  • Siente culpa, vergüenza o ansiedad después.
  • Afecta su vida diaria, sus relaciones, su trabajo o su bienestar.
  • Y esto no dura unos días, sino que se mantiene durante varios meses o más.

"Muchas veces, lo que se cataloga como 'adicción' es en realidad una forma de anestesiar emociones profundas, como el vacío existencial, la baja autoestima o incluso traumas no resueltos", explica la psicóloga y sexóloga clínica Luciana Fontana. "La conducta sexual se vuelve una válvula de escape, no muy distinta a como puede ser el alcohol, el juego o las compras compulsivas".

¿Qué causa este comportamiento?

No hay una sola causa. En muchos casos, la conducta sexual compulsiva aparece como una forma de escapar de emociones difíciles: tristeza, estrés, ansiedad, baja autoestima o incluso traumas del pasado. Es como una válvula de escape. También puede estar relacionada con desequilibrios químicos en el cerebro o con otros problemas de salud mental como depresión, trastorno bipolar o adicciones a sustancias.

¿Qué consecuencias puede tener?

Este tipo de comportamiento puede generar muchas dificultades:

  • A nivel personal: ansiedad, culpa, sensación de vacío.
  • En la pareja: pérdida de confianza, discusiones, rupturas.
  • En lo social o laboral: ausencias, distracción, bajo rendimiento.
  • En la salud: mayor riesgo de infecciones o problemas físicos si se practican relaciones sin protección.
  • En lo legal o económico: si las conductas implican riesgos o gastos excesivos.

¿Y cómo se trata?

La buena noticia es que existen tratamientos y que pedir ayuda no es señal de debilidad, sino de valentía. Algunos caminos posibles incluyen:

  • Terapia individual o de pareja, donde se aprende a identificar las causas, controlar los impulsos y mejorar los vínculos.
  • Medicación, en algunos casos, para tratar la ansiedad, la depresión o el impulso sexual descontrolado.
  • Técnicas para reducir el estrés, como mindfulness, actividad física o respiración consciente.
  • Grupos de apoyo, donde compartir con otras personas que atraviesan lo mismo puede hacer una gran diferencia.

¿Y las parejas? ¿Qué pasa con ellas?

Quienes conviven con una persona que tiene este trastorno también sufren. Es común que se sientan engañadas, dolidas, confundidas. Por eso, la terapia de pareja puede ser muy útil, para recuperar el diálogo, reconstruir la confianza y tomar decisiones saludables para ambos.

Un cambio de mirada

Es hora de dejar de usar palabras como "ninfómana" o "adicta al sexo" como insultos o etiquetas vacías. Muchas veces, detrás de una conducta sexual compulsiva hay mucho sufrimiento. No se trata de juzgar, sino de entender. De acompañar. Y de saber que si hay sufrimiento, pérdida de control y consecuencias negativas, es momento de buscar ayuda profesional.