El Interactivo

"No quiero tener hijos": por qué esta tendencia crece entre los jóvenes

¿Estamos eligiendo no tener hijos o simplemente no sabemos cómo afrontar ese vínculo? Entre el miedo, la incertidumbre y una transformación cultural silenciosa.

Por Fernando García

Entre las jóvenes, la opción de ser padres o madres, está muy lejos de ser un objetivo o prioridad. — -

La caída de la natalidad no es un fenómeno exclusivo de las generaciones jóvenes: desde 1980 a esta parte, el índice de nacimientos en Argentina bajó más del 50%, según advirtió en diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch), la psicoanalista Jacqueline Orellana. Si bien los factores económicos influyen, ella destaca que la baja responde a una transformación cultural profunda.

"Se ha puesto en discusión que las mujeres no tenemos por qué ser madres. Hoy es una elección, y eso es muy positivo. Pero últimamente, no ser madre hasta parece quedar mejor. Hay una tendencia cultural autocentrada, donde se evita la dependencia y cuesta pensar en cuidar a otro cuando apenas podemos con nosotros mismos".

Desde el consultorio, Orellana observa un patrón emocional en la generación Z: la tristeza o angustia ante situaciones comunes de la vida suele derivar en una rápida autodiagnosis, como "estar depresiva". En muchos casos, la decisión de no tener hijos refleja una dificultad para salir del centro emocional propio, más que una elección racional.

"No se sienten listos para poner atención sobre otra persona. Hay un niño inconsciente todavía en muchos jóvenes, producto de una crianza sobreprotectora, donde todo se vuelve un mundo".

Además, plantea que la caída de rituales tradicionales deja un vacío simbólico que todavía no se ha reemplazado por nuevos vínculos significativos. Esto afecta también a las generaciones mayores:

"Sufren la ausencia de descendencia, porque nadie queda para contar sus historias. La transmisión generacional se rompe y eso genera angustia".

Orellana advierte también sobre las consecuencias sociales del envejecimiento poblacional, para las cuales el sistema previsional y de salud no está preparado:

"Cubrir el triple de jubilaciones y los costos médicos de una población más vieja será inviable si no se toman medidas desde ahora".

En cuanto al entorno tecnológico, es crítica:

"Hacemos un mal uso de la tecnología. Nadie nos enseñó cómo vincularnos con ella. Aplicaciones de citas, redes sociales... el vínculo se volvió descartable. Buscamos solo lo que reafirma nuestra mirada y eso nos deja más solos, menos tolerantes a la frustración".

En esa línea, la maternidad y la paternidad representan el vínculo que más nos corre del centro, afirma. "Tener hijos no es adquirir un objeto, es convivir con alguien que no nos pertenece, y eso exige una madurez emocional que muchas veces no se alcanza".

Finalmente, señala que hay una confusión entre desear y quererlo todo: se desea sin pausa, sin espacio para el proceso, sin aceptar las pérdidas que cualquier elección conlleva.

"Tener un hijo implica perder cosas. Y hoy no queremos perder nada. La intolerancia a la incertidumbre, al largo plazo y a la frustración está impidiendo que muchas personas puedan siquiera imaginarse como madres o padres".

La caída en la natalidad no es solo una elección individual, sino parte de una transformación cultural profunda. Entre la autonomía femenina, la baja tolerancia a la frustración y vínculos cada vez más frágiles, se configuran nuevas formas de pensar la maternidad. 

Comprender este fenómeno implica mirar más allá de lo económico y atender los cambios emocionales, sociales y vinculares que atraviesan a las generaciones más jóvenes.

Repasá la entrevista completa: