La naturaleza desató toda su fuerza en las primeras horas del sábado, dejando una huella imborrable en el Cañón del Atuel, en San Rafael. Una tormenta sin precedentes arrasó con caminos, destrozó instalaciones y paralizó el complejo hidroeléctrico Los Nihuiles. "Nadie recuerda algo así. Fue un milagro que no haya muertos", declaró un testigo.
Caminos desaparecidos y autos arrastrados
El icónico circuito que conecta El Nihuil con Valle Grande quedó destrozado. Varios kilómetros del camino simplemente desaparecieron. Turistas y lugareños quedaron atrapados en una escena apocalíptica. Testigos reportaron autos arrastrados por el agua, muchos de los cuales reposarán para siempre en el lago del Valle Grande.
"Vi el agua crecer de forma descomunal", relató una joven que logró refugiarse en su camioneta antes de que la situación se tornara más desesperante. "El Atuel suele llevar 80 metros cúbicos de agua, pero esa noche llevaba más de 500", revelaron expertos.
Un complejo hidroeléctrico paralizado
Los operadores de Pampa Energía actuaron rápido, deteniendo los generadores al percatarse del inusual caudal. Sin embargo, los daños fueron inevitables. "El nivel del agua subió más de seis metros en cinco minutos", explicó un operador.
Hoy, el complejo es un escenario devastado: computadoras cubiertas de barro, tableros destruidos y maquinaria inutilizable. "Es como una escena de Chernóbil", describió un sereno mientras documentaba los daños.
La tormenta perfecta: 160 mm de lluvia en dos horas
Según el radarista Hugo Videla, las precipitaciones comenzaron a las 23.40 y concluyeron cerca de las 2.40. En ese lapso, cayeron 160 mm de agua sobre un área de cientos de hectáreas. "Fue un diluvio que el terreno no pudo absorber", explicó el ingeniero Raúl Besa.
El agua arrastró piedras, lodo y estructuras enteras, transformando el Cañón en una trampa mortal. A pesar de las alertas meteorológicas emitidas con anticipación, más de 50 personas permanecieron en la zona. "La naturaleza dio claras señales, pero no todos las escucharon", lamentó un especialista en desastres naturales.
Un rescate heróico entre escombros
Bomberos, policías y trabajadores de Vialidad Provincial emprendieron una operación titánica para rescatar a los atrapados. Camiones volcadores y motoniveladoras fueron fundamentales para abrir caminos precarios en medio de la devastación.
Actualmente, se trabaja para habilitar tramos críticos, pero hay 6,6 kilómetros de camino que se desintegraron por completo. "Debemos reconstruir desde cero", indicaron desde Vialidad.
Lecciones de una catástrofe
La tragedia expone también el comportamiento humano ante el peligro. A pesar de la cartelería que prohíbe acampar y advierte sobre derrumbes, muchos ignoraron las advertencias. "Los avisos eran claros, pero no suficientes para evitar la negligencia", reflexionó un experto en seguridad vial.
La tormenta no sólo afectó al turismo y la energía, sino que también dejó una lección para todos: respetar las advertencias y la fuerza implacable de la naturaleza.


