Mind wandering y creatividad: el lado productivo de la distracción
¿Y si la distracción fuera una función clave del cerebro y no un error? Una psicóloga lo explica con claridad. Para entender cómo funciona este mecanismo.
Durante años se nos dijo que enfocarse al máximo era la clave para la productividad y el éxito. Sin embargo, la ciencia del cerebro parece tener otros planes.
En una entrevista con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_Newsen Twitch), la psicóloga Anabella Serventi, especialista en neuropsicoeducación, explicó por qué distraerse —o dejar que la mente divague— puede ser mucho más beneficioso de lo que creemos.
"El mind wandering se traduce como divagación, y todo eso que pensábamos que era tiempo desperdiciado, hoy sabemos que no lo es. De hecho, es una falsa creencia pensar que estar híper enfocados todo el tiempo nos hace más efectivos", asegura Serventi.
Según explicó, esta idea comienza a derrumbarse a partir de estudios neurocientíficos relativamente recientes, iniciados a partir de 2007, que demuestran que ciertos momentos de distracción pueden ser clave para la creatividad, la resolución de problemas y hasta el bienestar emocional.
"Las grandes empresas tecnológicas lo entendieron perfectamente. Por eso incorporan espacios de recreación: descubrieron que si nos distraemos un poco, somos más efectivos", señaló.
Las redes del cerebro que se activan cuando no hacemos nada
La psicóloga explicó que en nuestro cerebro existen al menos tres redes neuronales clave que operan en conjunto: la red neuronal por defecto (vinculada con el mind wandering), la red ejecutiva central (encargada de la atención enfocada) y la red de prominencia (que actúa como un filtro entre ambas).
Las tres redes del cerebro.
"La red neuronal por defecto trabaja todo el tiempo. Necesita estímulos, y si no se los das, se los inventa. Por eso, cuando intentás descansar, tu mente puede empezar a disparar pensamientos: '¿Cerré la ventana?', '¿Respondí ese mensaje?'... y no descansás nada", describe Serventi. "Pero si en ese momento ponés música tranquila, tu mente se enfoca en eso y logra relajarse".
Esta misma red es la que se activa cuando, por ejemplo, uno garabatea mientras habla por teléfono. "Mientras tu atención voluntaria escucha la conversación, tu red por defecto se alimenta del garabato. Eso facilita que más tarde aparezca ese famoso "momento Eureka", cuando sin darte cuenta, encontrás la solución que estabas buscando".
Lo que es —y lo que no es— divagar
Serventi aclaró una confusión común: "Divagar no es estar en redes sociales mientras hacés la tarea. Eso es hiperfoco en otro estímulo. El verdadero mind wandering implica dejar que la mente reciba estímulos sin sumergirse en ellos. Es lo que popularmente se llama 'dejar la mente en blanco', algo que en realidad es imposible. La idea es dejar que aparezcan pensamientos, imágenes, recuerdos, pero sin aferrarse a ninguno".
Este tipo de atención flotante permite que la red neuronal por defecto explore, mientras la red de prominencia selecciona qué contenido es relevante para que la red ejecutiva central —la que se activa cuando hay que enfocarse en una tarea precisa— lo tome cuando sea necesario. "Así funciona nuestro proceso creativo", resume.
Ansiedad, memoria y nubes que pasan
Ahora bien, ¿qué pasa cuando esa divagación se vuelve ansiosa? Serventi advierte que si entrenamos a la mente para que se alimente de preocupaciones, lo seguirá haciendo. "La red por defecto puede funcionar de manera disfuncional si la acostumbramos a pensamientos ansiosos. Pero si aprendemos a relajarla con estímulos positivos, podemos revertir esa espiral", sugiere.
Una práctica sencilla es visualizar los pensamientos como nubes que pasan: observarlos sin sumergirse en ellos. "Si aparece un recuerdo o una imagen, no me identifico ni me hundo en eso, lo dejo pasar. Así mantengo la atención flotante que permite que surjan nuevas ideas o soluciones", explicó.
Por último, Serventi subrayó que incluso la memoria es un proceso dinámico: "Cada vez que evocamos un recuerdo, lo reconstruimos. Por eso muchas veces, al rememorar un evento con otras personas, notamos diferencias. El cerebro no tolera los vacíos de información y tiende a rellenarlos, con lo que cree más probable en ese momento".
¿Entonces está bien distraerse?
La respuesta es sí, con matices. Distraerse no significa caer en hábitos compulsivos o perderse en estímulos sin dirección. Pero permitir que la mente divague —en un paseo, escuchando música o simplemente mirando por la ventana— puede ser una herramienta clave para el descanso mental, la creatividad y la salud emocional.
Como resume Serventi: "El principio de la meditación vipassana lo decía hace siglos: dejar las aguas del cerebro quietas para ver claro el fondo. Hoy la neurociencia empieza a comprobarlo".