Diciembre llega con estruendos, una aparente contradicción para una fiesta asociada a la paz. Sin embargo, la tradición de iluminar el cielo tiene más de 2.000 años. Todo comenzó en China por un accidente químico: la mezcla de salitre, azufre y carbón que dio vida a la pólvora.
Originalmente, las explosiones buscaban espantar al "Nian", una bestia mitológica, y alejar a los malos espíritus. ¿Cómo llegó esto al pesebre? Europa adoptó los fuegos artificiales para marcar grandes celebraciones. La Iglesia integró esta costumbre pagana porque el fuego simboliza la luz y el renacer, conceptos centrales que comparten tanto el solsticio de invierno como la llegada de Jesús.
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