En tiempos donde la monogamia tradicional se pone en duda, la propuesta de abrir la pareja aparece como una alternativa seductora. Sin embargo, lo que empieza como un acuerdo de "mente abierta" puede transformarse rápidamente en un desafío emocional inmanejable.
Por eso, la psicóloga Beatriz Goldberg analizó en El Interactivo, de Ciudadano News, las complejidades de estos nuevos contratos y advierte sobre los riesgos de usarlos como "salvavidas" en medio de una crisis.
Pareja abierta: ¿solución o antesala de la ruptura?
Uno de los errores más comunes es intentar abrir la relación cuando el vínculo ya está desgastado. Según Goldberg, muchas veces esta decisión surge cuando la pareja está sumida en la rutina o al borde de la separación. "Para que funcione, el acuerdo no debe ser solo de la boca para afuera", señala la especialista, enfatizando que el miedo a perder al otro suele ser el motor equivocado para aceptar estas condiciones.
A diferencia de la infidelidad, donde reina el engaño, la pareja abierta se basa en la transparencia total. Pero esta honestidad brutal requiere una comunicación constante y reglas claras que no siempre son fáciles de sostener cuando entran en juego terceros.
El impacto en la autoestima y los celos
Aunque la teoría suena liberadora, la práctica suele chocar con la naturaleza humana. Goldberg explica que abrir la pareja genera un "terremoto existencial" donde aparecen comparaciones inevitables: ¿es el otro más atractivo?, ¿se divierte más que conmigo?
- Los celos: a pesar de ser tildados de "tóxicos" en la actualidad, según la especialista son inherentes al ser humano y afloran con fuerza al ver al compañero con alguien más.
- El involucramiento: es difícil mantener un vínculo puramente físico. Los chats constantes y los encuentros repetidos generan un lazo psíquico que puede desplazar la prioridad de la pareja original.
- La historia previa: no es lo mismo iniciar una relación abierta desde cero que intentar cambiar las reglas en una pareja constituida hace 30 años y con hijos.
La psicóloga es tajante al definir esta dinámica como un "camino de ida". Una vez que se otorga la libertad absoluta, es imposible predecir el rumbo que tomará el deseo de cada uno. "Es como darle al otro la llave y la puerta de entrada; una vez que el auto arranca, no sabés qué envión tomará", grafica Goldberg.
