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Orfandad con padres vivos: alerta por divorcios mal gestionados

Separarse no significa dejar de ser padres, pero ¿sabemos realmente cómo ejercer la crianza tras una ruptura? Una especialista analiza las fallas más comunes.

Fernando García

Por Fernando García

22 Abril de 2025 - 15:41

Imagen ilustrativa.
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22 Abril de 2025 / Ciudadano News / Sociedad

El divorcio dejó de ser un tabú en la sociedad contemporánea, pero aceptar la ruptura no siempre implica comprender sus consecuencias emocionales, especialmente cuando hay hijos en común. 

Según comentó en diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch), la psicóloga Adriana Graciela Monetti, el gran desafío actual no es separarse, sino aprender a ser padres separados sin perder el rol activo y afectivo en la crianza.

"Se ha naturalizado el divorcio, pero no la práctica. En medio del dolor, e incluso de conflictos económicos, se generan situaciones donde los hijos son tratados como un bien de intercambio", advirtió Monetti.

Este fenómeno, que la profesional denomina orfandad con padres vivos, se refiere a la pérdida emocional que sufren los niños cuando los adultos priorizan la disputa por sobre el bienestar de sus hijos. En muchos casos, los conflictos posruptura se judicializan sin una mirada integral que contemple el impacto emocional en la infancia.

¿Por qué es necesario un enfoque terapéutico en el proceso de divorcio?

Monetti propone que el abordaje del divorcio deje de estar centrado únicamente en abogados o en decisiones judiciales impersonales. "Naturalizamos la intervención de la justicia, pero no hay una intervención terapéutica que enseñe a compartir la crianza con madurez", explicó.

Este enfoque plantea una intervención emocional especializada durante la ruptura, con el objetivo de evitar que los hijos queden en el medio de disputas legales o afectivas. En palabras de la psicóloga:

"Los juzgados dicen: martes, jueves, sábado y domingo intercalados. Pero con eso nos quedamos cortos. No se trata solo de cronogramas, sino de acuerdos verdaderos que reflejen compromiso, empatía y responsabilidad afectiva".

Crianza compartida: una práctica necesaria que exige madurez

Uno de los conceptos clave de la entrevista es el de crianza compartida real, más allá de la tenencia o los días asignados. Monetti enfatizó que compartir la crianza implica tomar decisiones en conjunto, mantener canales de comunicación abiertos y aprender a dialogar, incluso cuando hay resentimientos no resueltos.

"Crianza compartida no es: 'están conmigo, vos no tenés derecho a opinar'. Es saber conversar, incluso de temas incómodos. Es decir: 'los chicos quieren ver a la abuela, ¿qué hacemos?'".

Cuando esto no ocurre, los hijos comienzan a copiar modelos basados en la indiferencia o el desprecio. Así se construye una generación que puede replicar vínculos rotos, donde el narcisismo emocional se vuelve moneda corriente.

Nuevas formas de organización familiar: evitar que los hijos se conviertan en nómades

Una tendencia que crece en Argentina y otros países es el modelo de casa nido, donde los hijos permanecen en el hogar original y son los padres quienes rotan en la convivencia. Esta modalidad busca brindar estabilidad emocional, evitando que los niños vivan con la maleta lista cada semana.

"Esa práctica requiere madurez emocional. Se trata de que el cambio lo transiten los adultos, no los chicos", remarca Monetti.

Más allá del modelo elegido, lo esencial es construir acuerdos auténticos, sostenibles y centrados en el bienestar emocional de los hijos. El conflicto de pareja no puede, ni debe, trasladarse al plano de la crianza.

El costo emocional de desvincular a uno de los progenitores

Uno de los puntos más sensibles del análisis de Monetti es la normalización de la desvinculación afectiva entre hijos y uno de sus padres, muchas veces con argumentos débiles o alimentados por viejos conflictos de pareja.

"Hoy hay muchos casos en los que los hijos dejan de ver a uno de los padres, y esto se ha naturalizado. Estamos frente a una crisis conceptual muy dolorosa de la parentalidad".

Este tipo de desvinculaciones tiene consecuencias emocionales profundas, independientemente de la edad de los hijos. Perder el vínculo con un progenitor no solo implica ausencia física, sino también afectiva, simbólica y estructural.

Claves para una parentalidad saludable tras el divorcio

Para Monetti, aprender a ser padres separados implica un trabajo consciente que contemple:

  • Acompañamiento terapéutico especializado durante y después de la ruptura
  • Acuerdos escritos y claros que contemplen más que días y horarios
  • Conversaciones incómodas, pero necesarias, donde prime el respeto mutuo
  • Disponibilidad emocional real para acompañar el desarrollo de los hijos
  • Evitar roles rígidos como "el bueno" y "el malo" entre los adultos

El verdadero compromiso no termina con el vínculo de pareja

El divorcio no implica el fin del compromiso con la infancia. Para Monetti, es esencial asumir que el rol de madre o padre no se interrumpe, sino que requiere una reinvención consciente, responsable y madura.

En tiempos donde las separaciones son frecuentes, la gran deuda sigue siendo cómo acompañar a los hijos en ese proceso sin convertirlos en víctimas del resentimiento. No se trata de permanecer juntos por los hijos, sino de aprender a separarse sin dejar de ser padres.

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