Justo a tiempo para la temporada de lluvias intensas, el Gobierno finalizó una obra hidráulica fundamental para la tranquilidad de los vecinos del Gran Mendoza. Se trata de los trabajos de control de torrentes en la Cuenca 301, ubicada estratégicamente entre las cuencas Frías y Maure en Godoy Cruz, una zona históricamente sensible a las crecidas. Esta intervención técnica tiene un objetivo claro: reducir el riesgo aluvional y proteger tanto a las áreas ya urbanizadas como a los futuros desarrollos del oeste.
Un freno de mano para el agua. La ingeniería aplicada funciona como un escudo defensivo. Las tareas consistieron en la construcción de terraplenes y estructuras de retención transversales a los cauces naturales. ¿Su función? Disminuir drásticamente la velocidad y el volumen del agua que baja del cerro durante las tormentas fuertes. De este modo, se logra amortiguar el impacto de las crecientes, evitando la erosión del terreno y previniendo daños graves aguas abajo, donde se encuentran viviendas, calles y servicios esenciales.
Además de la seguridad hídrica, la obra se ejecutó con estrictos criterios ambientales. Se utilizaron caminos preexistentes para la maquinaria y se realizó una limpieza profunda de residuos y escombros acumulados, sin alterar la topografía natural. El sistema incluye un vertedero de hormigón armado para evacuar excedentes de forma controlada, consolidando así una infraestructura clave para acompañar el crecimiento urbano seguro en el piedemonte mendocino.