La caída en desgracia de Nick Reiner, de 32 años, se materializó este miércoles en el Tribunal Superior de Los Ángeles. Acusado del brutal asesinato de sus padres, el director Rob Reiner y la fotógrafa Michele Singer, el joven apareció con la cabeza rapada y un uniforme marrón de recluso, pero lo más notorio fue su soledad: su abogado estrella, Alan Jackson, anunció su retiro definitivo del caso.
La decisión del letrado, conocido por defender a figuras como Kevin Spacey y Harvey Weinstein, sugiere un quiebre total con el entorno del acusado. Jackson declaró ante la jueza que "no tenía otra alternativa" que renunciar, un eufemismo que en la jerga legal de Hollywood suele indicar que la familia ha dejado de pagar los honorarios. Sin el respaldo financiero de sus hermanos y parientes, Nick ha pasado a manos de Kimberly Greene, una abogada de la defensoría pública.
"No es culpable, publiquen eso"
Pese a abandonar la defensa técnica, Jackson dejó una última declaración explosiva antes de salir de la sala. Frente a las cámaras, el exabogado sentenció: "Nick Reiner no es culpable de asesinato. Publiquen eso". Esta afirmación contrasta con la gravedad de los cargos presentados por la fiscalía, que incluyen dos cuentas de homicidio en primer grado y la posibilidad de cadena perpetua o pena de muerte.
Mientras tanto, la familia Reiner mantiene un perfil hermético. A través de un portavoz, se limitaron a expresar su "confianza en el proceso legal", sin mencionar a Nick. Con la comparecencia reprogramada para el 23 de febrero, el hijo de la leyenda del cine enfrenta ahora el proceso más difícil de su vida, aislado y con una defensa estatal, en un caso que el fiscal Nathan Hochman ha calificado como "desgarrador y complejo".