El pasado 6 de diciembre, Miguel Esteban Contreras, un conductor de camiones oriundo de General Cerri, al sur de la provincia de Buenos Aires, se encontraba realizando su trayecto habitual hacia Neuquén, cuando decidió detenerse en la localidad de Cutral Co para descansar.
Acompañado por su hija Oriana, el chofer descendió del vehículo y, en la oscuridad, sintió lo que describió como un simple "pinchazo" en la pierna. Sin imaginar que se trataba de la mordedura de una yarará, y al no percibir heridas mayores en ese momento, optó por dormir unas horas antes de intentar reanudar su viaje.
Los efectos del veneno y la atención médica
Al despertar a la mañana siguiente, el cuadro clínico de Contreras empeoró drásticamente, manifestando intensos dolores en los riñones y una preocupante tos con sangre, síntomas que indican que el veneno ya había entrado en contacto con el torrente sanguíneo. Tras lograr pedir auxilio a la Policía Caminera, fue trasladado de urgencia al Policlínico Modelo de Cipolletti.
Luego de haber ingresado en estado crítico, y a pesar de que los especialistas aplicaron el suero antiofídico, los profesionales determinaron que el veneno ya llevaba demasiadas horas actuando, lo que provocó un descenso abrupto de glóbulos rojos que requirió múltiples transfusiones y asistencia respiratoria mecánica.
El triste desenlace
Tras permanecer más de una semana en terapia intensiva, el camionero falleció debido a la gravedad de su estado, generando una profunda conmoción en las comunidades de General Daniel Cerri, Bahía Blanca y Cipolletti. El caso resalta la peligrosidad de la yarará, una especie frecuente en zonas rurales cuyo ataque nocturno puede pasar inadvertido, pero que causa daños letales en el sistema sanguíneo y órganos vitales si no se recibe tratamiento inmediato. Los restos de Contreras fueron trasladados a su ciudad natal para que sus familiares y allegados del sector del transporte pudieran brindarle el último adiós.

