Crisis del agua en Mendoza 2025 y el avance silencioso de la "mega sequía"
En medio de pronósticos alentadores, Mendoza atraviesa una transformación silenciosa pero profunda. Una situación compleja que desafía la lógica climática, territorial y productiva.
La provincia de Mendoza atraviesa una de las crisis hídricas más severas de su historia reciente. A medida que la megasequía avanza sin signos de reversión, se profundizan los desafíos ambientales, productivos y sociales en una región naturalmente árida, que depende casi exclusivamente de la nieve de alta montaña para sostener su sistema hídrico.
Cambio de paradigma: del ciclo hídrico andino al déficit estructural
Desde 2010, el régimen de nieves en la Cordillera de los Andes centrales mutó profundamente. La variabilidad natural que alternaba ciclos secos y húmedos fue reemplazada por un patrón persistente de déficit. Citado por medios locales, el glaciólogo Lucas Ruiz indicó que la provincia enfrenta su periodo más extenso de baja acumulación de nieve en los últimos 50 años, con un déficit promedio del 30%, que en algunos sectores llega al 45%.
Este fenómeno, que define a la megasequía actual, combina un 70% de causas naturales con un 30% atribuible al cambio climático inducido por la actividad humana, principalmente la emisión de gases de efecto invernadero.
Glaciares y cuencas en retroceso: consecuencias irreversibles
Los glaciares andinos, fundamentales como reservas estratégicas de agua, están retrocediendo a una tasa de 0.7 metros anuales, un 35% más rápido que el promedio global.
Proyecciones científicas alertan que para el año 2100, incluso en escenarios moderados de calentamiento (+2°C), los glaciares tropicales de los Andes podrían desaparecer casi por completo. La pérdida de masa glaciar no solo reduce el caudal de los ríos, sino que compromete la resiliencia hídrica en períodos críticos.
Temporada 2024-2025: pronóstico alentador, contexto preocupante
A pesar del contexto estructural negativo, el Departamento General de Irrigación (DGI) ha proyectado un año hidrológico favorable. Todos los principales ríos de Mendoza se ubican entre clasificaciones "normales" y "húmedas":
Río Mendoza: 1.230 hm³ (89% de un año medio)
Río Tunuyán y arroyos: 1.290 hm³ (105%)
Río Diamante: 890 hm³ (91%)
Río Malargüe: 310 hm³ (103%)
Río Atuel: 1.100 hm³ (101%)
Río Grande: 3.320 hm³ (105%)
Estos valores se explican por el llenado de embalses en la temporada anterior y una gestión eficiente del recurso. Sin embargo, voceros como Sergio Marinelli (DGI) insisten en que la eficiencia en el uso del agua debe mejorar radicalmente para sostener esta estabilidad frente a un panorama general adverso.
Agricultura en riesgo: menos agua y más incertidumbre
El sector agropecuario, especialmente el vitivinícola, anticipa un verano difícil. Agrupaciones rurales estiman que solo habrá el 50% del agua necesaria para cubrir la demanda productiva, incluso asumiendo un uso del 100% eficiente. Este déficit podría provocar daños en cultivos estratégicos a partir de septiembre, incrementando la vulnerabilidad frente a heladas y reduciendo los rendimientos de cosecha.
Aguas subterráneas: una solución parcial con severas limitaciones
Las aguas subterráneas representan un 99% del agua dulce líquida accesible a nivel global, y en Mendoza son críticas para zonas rurales.
Su origen está en la infiltración de nieve en la alta montaña. Sin embargo, su calidad es muy variable: la presencia de arsénico y sales limita su uso en vastas áreas del secano provincial. En la actualidad, hay 20.000 pozos registrados, de los cuales 9.000 están activos y riegan 120.000 hectáreas.
La sobreexplotación y mala gestión de estos acuíferos profundizan su deterioro y comprometen su futuro.
Desigualdad hídrica: geografía, territorio y exclusión
El fenómeno de la megasequía no es solo físico, sino también socialmente construido. Mendoza muestra una fragmentación territorial extrema:
Oasis irrigados: apenas el 3% de la superficie, pero concentran al 98.5% de la población.
Tierras secas no irrigadas: el 97% del territorio, habitado solo por el 1.5% de los mendocinos.
Este contraste es evidente en zonas como Lavalle, donde el uso intensivo del río Mendoza aguas arriba deja a las comunidades rurales sin caudal superficial.
El consumo de agua por persona en estas áreas es de apenas 20 a 25 litros diarios, frente a los 500 litros en zonas urbanas.
La población recurre a estrategias de supervivencia como recorrer kilómetros a caballo para acceder a fuentes potables o depender de camiones cisterna que no siempre llegan.
Turismo y nieve: reconversión forzada del modelo invernal
El turismo invernal también siente el impacto. La falta de nieve redujo la actividad en centros como Las Leñas o Penitentes, acelerando el cierre de pistas y la necesidad de repensar la oferta. Alternativas emergentes como el randó esquí o el esquí a vela intentan mantener vivo el atractivo cordillerano, aunque con limitaciones.
Mientras tanto, el Paso Internacional Cristo Redentor permanece habilitado con portación obligatoria de cadenas, y el Paso Pehuenche sigue cerrado, reflejando las inestables condiciones meteorológicas en alta montaña.
Clima invernal 2025
Para julio de 2025, los reportes meteorológicos confirman temperaturas atípicamente altas y acumulación de nieve por debajo del promedio histórico.
Se esperan vientos Zonda en sectores como Malargüe y el Valle de Uco, seguidos por un brusco descenso térmico y probabilidad de agua nieve en zonas bajas del Oeste provincial. Este patrón complica la reposición de reservas para la primavera.
La megasequía en Mendoza ya no es una anomalía climática, sino un nuevo contexto estructural que interpela al modelo de desarrollo provincial.
Aunque los datos de escurrimiento para esta temporada son favorables, la tendencia general marca un retroceso del sistema hídrico andino, una creciente desigualdad en el acceso al agua y una necesidad urgente de transición hacia una gestión más eficiente, equitativa y resiliente.