Cada 24 de marzo, Argentina conmemora el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, una fecha que evoca el golpe de Estado de 1976 y sus consecuencias. Sin embargo, la narrativa en torno a este episodio histórico ha sido objeto de controversias y enfoques parciales, dejando de lado aspectos fundamentales que impiden una verdadera reflexión y aprendizaje.
La historia contada a conveniencia
El relato oficial muchas veces omite las causas que desencadenaron el golpe, como si el contexto previo no tuviera relevancia. "Para hablar de memoria deberíamos ahondar en las razones por las cuales se produjo dicho golpe de Estado y todos los demás", expresa Brenda Sabato, vocal del Consejo Directivo del Partido Libertario Mendoza.
Lejos de una defensa de la dictadura, Sabato subraya que la sociedad argentina de la época vivía una crisis profunda, donde el terrorismo y la violencia política eran moneda corriente. "Mucha gente celebró este hecho porque, por un lado, estaban hartos del terrorismo y, por el otro, estaban adormecidos y no se daban cuenta de que los sucesivos golpes de Estado no estaban bien", señala.
¿Memoria selectiva?
El debate sobre el uso de la memoria como herramienta política sigue vigente. "La fecha la suelen conmemorar los mismos que provocaron los disturbios que terminaron en golpe de Estado a lo largo del siglo XX", sostiene Sabato. Esto plantea una pregunta clave: ¿es posible construir una memoria colectiva sin revisar todos los hechos y responsabilidades?
El cuestionamiento apunta también a las protestas actuales, donde ciertos sectores parecen reproducir estrategias de desestabilización. "No hacen más que provocar el caos para que el gobierno deba tomar medidas y luego acusar al Estado de violar los Derechos Humanos", advierte.
Violencia en las manifestaciones: el riesgo de repetir la historia
Las protestas recientes en la Argentina han reavivado la polémica sobre el accionar de las fuerzas de seguridad y los derechos de los manifestantes. "Una protesta jamás incluye la destrucción del patrimonio público o privado, no incluye banderas de causas ajenas a la razón que los convoca y mucho menos prender fuego los móviles policiales o llevar armas blancas o de fuego", enfatiza Sabato.
Según su perspectiva, la actuación de la Policía en estos casos ha sido legítima y necesaria para proteger el orden democrático. "Mientras la Policía actúe en defensa de los derechos individuales y no se extralimite en sus funciones para convertirse en un instrumento de opresión, podemos afirmar que ha actuado correctamente", agrega.
Justicia para todos: la gran deuda pendiente
El reclamo por justicia sigue dividiendo opiniones. Mientras que se han llevado a cabo juicios contra militares responsables de crímenes de lesa humanidad, los atentados terroristas previos y sus víctimas no han recibido el mismo tratamiento. "¿Por qué los muertos en atentados terroristas no tuvieron justicia?" cuestiona Sabato. "Todos se conmueven y solidarizan por aquellos que no tienen el cuerpo de su ser querido desaparecido, pero ¿alguien se pregunta cuánto duele saber que tu amigo, tu padre o tu hermano haya sido asesinado y no haya respuesta de la justicia?", agrega.
El debate sobre el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia no debe limitarse a una sola versión de la historia. Para evitar repetir errores del pasado, es necesario ampliar la mirada, reconocer todas las víctimas y garantizar que la justicia sea realmente para todos.
