En El Algarrobal, Mendoza, el comedor Horneritos enfrenta una avalancha de necesidades: filas de hasta cuatro cuadras, cientos de kilos de comida por jornada y el esfuerzo incansable de voluntarios que resisten con el apoyo de la comunidad.
Solidaridad en tiempos de crisis
La creciente inflación, la falta de trabajo estable y el derrumbe del poder adquisitivo han hecho que en distintos puntos del país resurjan con fuerza los comedores comunitarios. En Mendoza, el comedor Horneritos, ubicado en El Algarrobal, es el reflejo crudo de una realidad que se repite en todo el territorio argentino: miles de personas que dependen de un plato de comida para sobrevivir.
"Estamos contentos por poder hacer una comida más, aunque cada vez nos cuesta más", aseguró Gabriela Carmona, responsable del comedor, en diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por Facebook y YouTube de Ciudadano.News) . Y aclaró: "Trabajamos de forma voluntaria y gracias a la gente que nos ayuda. No es fácil hacerlo".
"Esperamos a más de mil personas por jornada"
Carmona explicó que el comedor funciona de manera intermitente porque no dan abasto: "Lamentablemente no se puede hacer todos los días. Hoy esperamos a más de mil personas. Cada uno viene con su olla o tupper. Ya tenemos anotadas entre 700 y 800 personas, pero también llegan muchas que no están en la lista".
La magnitud del esfuerzo se mide en números concretos: "Hoy pelamos más de 110 kilos de papas y entre 30 y 40 kilos de zanahorias. Vamos a hacer estofado y, para que les alcance hasta mañana, les damos un paquete de fideos a cada uno. Quizás no es suficiente, pero al menos pueden hacer un guiso más sustancioso", relató.
Familias enteras, jubilados y niños en largas filas por un plato de comida
"Hace cinco años que tenemos el comedor. Siempre tuvimos dificultades para cumplir, y hoy seguimos igual. Tenemos entre 700 y 800 chicos, y se sumaron los adultos mayores", detalló Carmona. Las imágenes impactan: "Antes la fila era de media cuadra, el martes pasado llegaba a la cuadra entera, ahora son cuatro cuadras. Son jubilados, personas que trabajaron toda su vida y hoy no tienen para sobrevivir".
La responsable del comedor señaló que el deterioro económico es visible: "Las estadísticas dicen una cosa, pero la realidad dice otra. Nos da impotencia ver que dicen que los sueldos alcanzan más, cuando hoy un huevo cuesta $300. El año pasado te comprabas 10 maples, hoy con el mismo sueldo no llegás".
El esfuerzo comunitario que sostiene lo imposible
"Siempre necesitamos ayuda. A lo largo de estos años demostramos lo que hacemos: cuando cocinamos, el trabajo se refleja en hechos, no en palabras", dijo Carmona con convicción.
El comedor Horneritos acepta donaciones a través de Mercado Pago, lo que les permite pagar servicios y comprar insumos:
- comedor.horneritos (a nombre de Gabriela Carmona)
- juntos.horneritos (a nombre de Emilce Aguirre)
"Pueden venir directamente al comedor y conocer nuestro trabajo", invitó Carmona.
Una realidad que se replica en todo el país
Lo que sucede en El Algarrobal no es un caso aislado. En Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y otras provincias, los comedores comunitarios viven una situación similar. Según datos de organizaciones sociales, el número de personas que asiste a comedores creció en más de un 50% desde principios de año. La crisis social golpea de lleno a los sectores más vulnerables, y el esfuerzo voluntario es lo único que sostiene a miles de argentinos.


