Estamos en tiempo de festejos, ya que la agenda nos recuerda que el 26 de octubre se celebra el Día de los Cafés.
En nuestro países existen desde 1799, pero es importante destacar que un 5 de octubre del 2000 la legislatura porteña sancionó la Ley número 35, que instituyó formalmente esta fecha. El objetivo fue reconocer a los cafés como un rasgo típico de Buenos Aires y apoyar una actividad que forma parte de la cultura ciudadana y nos representa en todo el país.
Como decía el querido poeta y escritor Jorge Sosa, a estos lugares se los llama de muchas formas: bar, boliche, cafetería o confitería.
Es el sitio donde la gente se junta "a libar algo", pero fundamentalmente, es el lugar donde nos encontramos para contarnos pesares y alegrías, para buscar o dar consuelo ante situaciones que "arrugan el alma", y para hablar de lo que más nos gusta: fútbol, política y tango. Es precisamente con el ritmo del 2x4 donde el café se identifica más con la rutina diaria de su gente.
Por esto, en este sencillo comentario, quiero recordar a los viejos cafés de nuestra ciudad que ya no están, como Bianchini, Sorocabana, Gargantúa, Jamaica y Capolonio, y a los que sobreviven tras muchos años, como el Sportman, Jockey Club y Vía Veneto.
Ellos seguirán siendo el único reducto de la charla, los debates y la amistad.
