Una simple publicación para vender su auto terminó en una estafa virtual que dejó a un vecino de Rafaela sin acceso a su WhatsApp y a una conocida suya con una pérdida de 400 mil pesos. El hecho ocurrió hace algunos días y ya fue denunciado ante la Justicia.
La historia comenzó cuando el damnificado, un hombre de 50 años residente en barrio Mora, publicó en redes sociales la venta de su Fiat Palio Adventure modelo 2006. Utilizó plataformas habituales como Facebook Marketplace, el grupo local "Más Poco Vendo" y Mercado Libre. Lo que no esperaba era que esa búsqueda de comprador terminara en una maniobra delictiva.
A poco de publicarlo, recibió el llamado de un supuesto interesado en adquirir el vehículo. El hombre le comentó que no era de Rafaela, que trabajaba para la empresa Andreani y que podía viajar a ver el auto. Pero antes le hizo un pedido insólito: le pidió que le reenviara un código que le llegaría por mensaje, con el argumento de que lo necesitaba para activar un sistema de rastreo de la empresa.
Sin saber que se trataba de una trampa, el vendedor accedió. En cuestión de minutos, perdió el control de su cuenta de WhatsApp.
Desde ese momento, los estafadores tomaron el control del número y comenzaron a contactar a los contactos de la víctima. Usando su identidad, pidieron ayuda económica urgente. Entre quienes recibieron los mensajes estaba una mujer de 50 años, amiga del damnificado, quien sin dudar quiso colaborar.
A través de la aplicación Mercado Pago, la mujer realizó tres transferencias bancarias: una de $100.000, otra de $160.000 y una última de $140.000. En total, entregó 400 mil pesos convencida de que estaba ayudando a un amigo en problemas.
Al notar que no recibía respuestas y que algo no cerraba, la mujer intentó comunicarse por otros medios. Fue entonces cuando descubrió que había sido víctima de una estafa.
La situación fue denunciada y quedó en manos del fiscal Guillermo Loyola, quien ordenó que intervenga la División de Delitos Complejos de la PDI. Mientras tanto, las víctimas intentan recuperar el acceso a las cuentas y, sobre todo, no perder la esperanza de que los fondos puedan ser rastreados.