La Nona Simona: el restaurante donde los jubilados cocinan con historia y amor
Una historia que une tradición, trabajo y afecto. Lo que empezó como una idea familiar hoy se transformó en un proyecto que revaloriza la experiencia de los mayores.
En un país donde la experiencia muchas veces se relega, un emprendimiento gastronómico decidió invertir la lógica: poner a los jubilados al mando. La Nona Simona, junto a sus locales hermanos Abuela Maruca y Las Nonas Ramona Petrona, conforma una cadena donde los adultos mayores no solo cocinan, sino que enseñan, inspiran y transmiten valores en cada plato.
Débora Ibáñez y Diego Quintero, creadores del proyecto, transformaron una crisis personal en una oportunidad de trabajo y comunidad. En diálogo con El Interactivo, revelaron los detalles de cómo fue llevar adelante todo este proceso de creación:
"Todo surgió después de un momento de gran dificultad. La rotisería Abuela Maruca crecía y necesitábamos más personal. Mónica, una de nuestras pioneras, viajaba todos los días desde González Catán y siempre llegaba puntual. Su compromiso nos inspiró a sumar más adultos mayores", contó Débora.
Así nació una red que hoy emplea a más de una docena de jubilados y adultos mayores, junto a un grupo de jóvenes que aprenden de ellos día a día. "Un día con Diego dijimos: el camino es por acá. Queremos que otras empresas hagan lo mismo, que le den oportunidades a los jubilados, que todavía son personas activas y con ganas de trabajar", añadió.
La pareja tucumana apostó por una cocina tradicional, donde las recetas familiares son el corazón del menú. Las empanadas tucumanas cortadas a cuchillo, las tartas, el arroz con pollo y las pastas caseras llevan la impronta del norte argentino y el sabor de lo hecho con tiempo y afecto. "El amor que ponen los abuelos cuando cocinan no se puede copiar. Eso es lo que se siente cuando la gente viene a comer: el calor de hogar", expresó Diego.
Lejos de ser un desafío, el trabajo intergeneracional se convirtió en la clave del éxito. "Trabajar con jubilados no tiene nada de difícil. Van a su ritmo, pero con constancia. Hay respeto, honestidad, compromiso. No hace falta recordarles su horario ni lo que tienen que hacer: lo cumplen desde el primer día", afirmó Débora. Ese compromiso se refleja en historias como la de Franklin, uno de los empleados más queridos del local: "Tiene 66 años y entra a las siete, pero llega a las cinco y media. Tiene la llave del restaurante y abre todos los días. Eso no lo hace cualquiera", agregó Diego con orgullo.
La Nona Simona no solo sirve comida; también sirve una lección social. En un contexto donde el sistema tiende a excluir a los mayores del mercado laboral, este emprendimiento devuelve dignidad, pertenencia y propósito a una generación que aún tiene mucho para dar. "Queremos que esto se replique. Que se entienda que la experiencia es un valor y no un obstáculo", subraya Ibáñez.
Actualmente, el grupo cuenta con tres locales funcionando y planea nuevas aperturas: "Cada inauguración tiene el nombre de un familiar. Son homenajes a nuestros abuelos, que nos enseñaron a no bajar los brazos", cuentan. Su lema, heredado de generaciones anteriores, resume el espíritu de su empresa: "Siempre hay que buscarle la vuelta".
Con ese principio, Débora y Diego lograron mucho más que abrir restaurantes: construyeron una familia extendida, donde el trabajo, la tradición y el amor se mezclan en cada plato. Una propuesta que demuestra que, en tiempos de incertidumbre, la experiencia sigue siendo el mejor ingrediente.