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La Nona Simona: el restaurante donde los jubilados cocinan con historia y amor

Una historia que une tradición, trabajo y afecto. Lo que empezó como una idea familiar hoy se transformó en un proyecto que revaloriza la experiencia de los mayores.

Fernando García

Por Fernando García

13 Noviembre de 2025 - 15:45

Débora Ibáñez y Diego Quintero, están detrás del proyecto que demuestra que la edad no es un límite.
Débora Ibáñez y Diego Quintero, están detrás del proyecto que demuestra que la edad no es un límite. -

13 Noviembre de 2025 / Ciudadano News / Sociedad

En un país donde la experiencia muchas veces se relega, un emprendimiento gastronómico decidió invertir la lógica: poner a los jubilados al mando. La Nona Simona, junto a sus locales hermanos Abuela Maruca y Las Nonas Ramona Petrona, conforma una cadena donde los adultos mayores no solo cocinan, sino que enseñan, inspiran y transmiten valores en cada plato.

Débora Ibáñez y Diego Quintero, creadores del proyecto, transformaron una crisis personal en una oportunidad de trabajo y comunidad. En diálogo con El Interactivo, revelaron los detalles de cómo fue llevar adelante todo este proceso de creación:

"Todo surgió después de un momento de gran dificultad. La rotisería Abuela Maruca crecía y necesitábamos más personal. Mónica, una de nuestras pioneras, viajaba todos los días desde González Catán y siempre llegaba puntual. Su compromiso nos inspiró a sumar más adultos mayores", contó Débora.

Así nació una red que hoy emplea a más de una docena de jubilados y adultos mayores, junto a un grupo de jóvenes que aprenden de ellos día a día. "Un día con Diego dijimos: el camino es por acá. Queremos que otras empresas hagan lo mismo, que le den oportunidades a los jubilados, que todavía son personas activas y con ganas de trabajar", añadió.

La pareja tucumana apostó por una cocina tradicional, donde las recetas familiares son el corazón del menú. Las empanadas tucumanas cortadas a cuchillo, las tartas, el arroz con pollo y las pastas caseras llevan la impronta del norte argentino y el sabor de lo hecho con tiempo y afecto. "El amor que ponen los abuelos cuando cocinan no se puede copiar. Eso es lo que se siente cuando la gente viene a comer: el calor de hogar", expresó Diego.

Lejos de ser un desafío, el trabajo intergeneracional se convirtió en la clave del éxito. "Trabajar con jubilados no tiene nada de difícil. Van a su ritmo, pero con constancia. Hay respeto, honestidad, compromiso. No hace falta recordarles su horario ni lo que tienen que hacer: lo cumplen desde el primer día", afirmó Débora.
Ese compromiso se refleja en historias como la de Franklin, uno de los empleados más queridos del local: "Tiene 66 años y entra a las siete, pero llega a las cinco y media. Tiene la llave del restaurante y abre todos los días. Eso no lo hace cualquiera", agregó Diego con orgullo.

La Nona Simona no solo sirve comida; también sirve una lección social. En un contexto donde el sistema tiende a excluir a los mayores del mercado laboral, este emprendimiento devuelve dignidad, pertenencia y propósito a una generación que aún tiene mucho para dar. "Queremos que esto se replique. Que se entienda que la experiencia es un valor y no un obstáculo", subraya Ibáñez.

Actualmente, el grupo cuenta con tres locales funcionando y planea nuevas aperturas: "Cada inauguración tiene el nombre de un familiar. Son homenajes a nuestros abuelos, que nos enseñaron a no bajar los brazos", cuentan.
Su lema, heredado de generaciones anteriores, resume el espíritu de su empresa: "Siempre hay que buscarle la vuelta".

Con ese principio, Débora y Diego lograron mucho más que abrir restaurantes: construyeron una familia extendida, donde el trabajo, la tradición y el amor se mezclan en cada plato. Una propuesta que demuestra que, en tiempos de incertidumbre, la experiencia sigue siendo el mejor ingrediente.

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