Al hurgar en la historia del ascensor, sorprenderá saber que ya en el siglo I a.C. hubo alguien que ya había diseñado un sistema de elevación para transportar materiales pesados. Arquímedes (de él se trata) sentó las bases de lo que hoy conocemos como elevadores, aunque lejos estaba de conocer a estas actuales máquinas de subir y bajar.
Nadie podría concebir hoy que una construcción de más de dos pisos no tenga elevador. Pero hay algo que genera dudas: ¿cuál es el motivo por el que los ascensores tienen espejos en su interior? No se trata de una razón caprichosa, sino a un detalle que permite que hoy sigan funcionando con normalidad.
Agostina Sansone, creadora de contenidos de arquitectura, parece haber develado el misterio. En uno de sus videos contó el motivo que hizo que los arquitectos optaran por colocar espejos en el interior de estas máquinas. Y la explicación, como ella misma dice, "es para volar la cabeza".
Según la profesional, todo tiene origen en los primeros ascensores. Eran incómodos, lentos y desesperantes. A pesar de que los ingenieros se devanaban los sesos para mejorar los mecanismos y motores, la gente no paraba de quejarse: usar el ascensor era una tortura.
"El problema de los ascensores no era la velocidad. Era la percepción del tiempo", dice Sansone. "Lo que pasaba es que la gente se aburría y se desesperaba cuando entraba en esta especie de transporte interno", agrega.
Espejos: la solución
El motivo por el que se eligió colocar espejos en el interior de los ascensores responde a la intención de cambiar la percepción del tiempo que tienen las personas. Esto hizo que la experiencia sea más cómoda y rápida.
"Los ingenieros se dieron cuenta de que el problema clave era la percepción del tiempo. Subir o bajar en un ascensor hecho de enrejado, con puertas plegables que mostraban el exterior, provocaba aburrimiento y desesperación", dice Sansone. La experiencia hacía que el tiempo pareciera más lento.
Cuando aparecieron los espejos en los ascensores, todo cambió: las quejas bajaron rápidamente, las personas se acomodaban la ropa, se miraban la cara, se distraían. "Ahí es donde podemos darnos cuenta de que el tiempo no cambió, pero la experiencia sí", explica la influencer.

