El drama ígneo en la provincia de Chubut ha alcanzado una escala alarmante. Tras casi 50 días de lucha ininterrumpida, el fuego ha devastado unas 40.000 hectáreas de bosque nativo e implantado. Las condiciones meteorológicas han generado un comportamiento extremo de las llamas, las cuales han llegado a superar los 50 metros de altura en algunos sectores.
Además, el comportamiento del viento ha sido motivo de preocupación extrema. Se han detectado ráfagas de hasta 50 km/h, y a ello se le suma el ascenso térmico, ya que, al momento, se registran temperaturas que superan los 28°C.
Cooperación transandina y despliegue terrestre
Ante la magnitud del siniestro, este lunes se sumaron al operativo cuadrillas de brigadistas provenientes de Chile, quienes trabajan codo a codo con contingentes de diversas provincias argentinas. El despliegue se ha centrado en el combate por tierra mediante maquinaria pesada para la apertura de cortafuegos y el uso de autobombas,
Esto último se debe a que la visibilidad es nula, provocada por el denso humo. La situación ha limitado el uso de medios aéreos a ventanas temporales muy estrechas. La prioridad absoluta de los equipos ha virado hacia la protección de las zonas habitadas y los inmuebles de los lugareños.
Un ecosistema en peligro y la esperanza en el clima
El origen del foco principal se remonta a una tormenta eléctrica a principios de diciembre en el Parque Nacional Los Alerces. Aunque inicialmente fue contenido, el fenómeno se reactivó con ferocidad debido a la falta de humedad y las olas de calor. Mientras los pobladores rurales luchan por trasladar su ganado a zonas seguras para evitar mayores pérdidas económicas, los especialistas advierten que solo una lluvia persistente podrá detener el avance hacia Villa Cholila y Esquel.
Actualmente, las esperanzas están puestas en un leve descenso de la temperatura previsto para las próximas horas, aunque el pronóstico extendido mantiene la alerta por una nueva subida del termómetro hacia el final de la semana.


