La escena se repite en los mostradores de barrio y grandes cadenas: ganchos con menos mercadería y clientes que consultan precios con asombro antes de decidirse. Con aumentos que oscilan entre el 60% y el 70%, la situación de las carnicerías ha entrado en una fase crítica, marcada por una baja del consumo que los propios vecinos califican como "histórica".
El adiós a las compras por kilo
"Todas las semanas sube, es una locura", le cuenta un vecino a la salida de un local a Daniel Gallardo, resumiendo el sentimiento generalizado de una población que ha tenido que restringir la compra de proteína básica. La modalidad de compra ha cambiado drásticamente: ya no se pide por kilo para la semana, sino que se adquiere "lo del día" o cortes específicos de menor valor para estirar el presupuesto familiar.
El impacto no solo se siente en el bolsillo, sino también en las tradiciones. Las familias coinciden en que el ritual del asado del domingo está desapareciendo frente a la imposibilidad de afrontar los costos. "Tratamos de mantener un equilibrio, pero se hace muy cuesta arriba", confiesa una vecina, mientras otros denuncian que los precios actuales representan un "abuso" que vacía las heladeras.
Desde el sector comercial, la preocupación es total. La falta de rotación de la mercadería y la reticencia de los clientes a convalidar los nuevos valores han transformado el panorama del rubro. Sin un horizonte de estabilidad, el mostrador de la carnicería se ha vuelto el termómetro más cruel de una crisis que no parece dar tregua a la mesa de los argentinos.