La esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés), antes conocida como enfermedad grasa del hígado de etiología no alcohólica (NAFLD), es caracterizada por una acumulación anormal de grasa en el hígado. La esteatohepatitis metabólica asociada (MASH) es una etapa más avanzada de MASLD, que implica inflamación hepática y, en algunos casos, la aparición de fibrosis hepática, una "cicatriz" en el tejido después de años de daño crónico.
Hasta el momento no había disponible ninguna terapia farmacológica en el mundo para el tratamiento de MASH. Y las recomendaciones terapéuticas apuntaban a corregir los factores de riesgo asociados con la enfermedad. Y a la realización de actividad física -siempre que la condición del paciente lo permitiera-.
Recientemente, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó, de manera condicionada, una molécula pequeña, llamada resmetirom, para el tratamiento de MASH en pacientes que presentan fibrosis hepática moderada a severa. Resmetirom se administra por vía oral, se comercializa bajo el nombre de Rezdiffra y fue desarrollada por la empresa farmacéutica Madrigal, pero aun en Argentina no está disponible en las farmacias.
Pocas personas sabes que el hígado graso no alcohólico puede derivar en cirrosis.
Federico Guillermo Villamil, especialista en Hepatología, explicó en el magazine de Ciudadano News, El Interactivo, las causas del hígado graso no alcohólico: "El primer punto importante es que ha habido un cambio de nomenclatura. Hasta hace poco tiempo se hablaba de hígado graso alcohólico y no alcohólico, hoy al hígado graso no alcohólico se lo llama hígado graso metabólico porque está relacionado. Es un diagnóstico positivo, no es la ausencia de alcohol, sino la presencia de determinados factores de riesgo".
"El primero y principal es el sobrepeso y la obesidad. Estos son la primera causa de hígado graso metabólico y después otras causas como la diabetes, la hipertensión arterial y el aumento de las grasas de colesterol y triglicéridos. Así que es no alcohólico, pero metabólico y eso son los factores principales de riesgo. Segundo, estas enfermedades de hígado, la gran mayoría no da síntomas. En el caso del hígado graso, lo común es que alguien se haga un chequeo, una ecografía", analizó.
La cirrosis puede aparecer en las últimas fases de la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés)
El hepatograma es un análisis de rutina de muy baja complejidad que está habitualmente incluido en los chequeos, "pero déjenme decir que el 60, 80% de los que tiene hígado graso tienen hepatograma normal. El hepatograma cuando está normal sugiere que haga algo no está bien el hígado. Pero ojo que muchas enfermedades hepáticas cursan con hepatograma normal. Si uno quiere ir a buscar hígado graso, hay que hacerlo mediante ecografía, que es una prueba de radiologías muy simple y barata y que no expone al paciente a rayos. Pero doy un número concreto, en este momento un protocolo con PAMI en el cual todos los pacientes con diabetes los mandan para buscar hígado graso. Ya hemos estudiado más de 3 mil pacientes y el 80% tiene hígado graso".
"Un tercio de la población mundial, se estima que un 1 billón de personas, tienen hígado graso. Pero cuando uno estudia a los pacientes con sobrepeso, en los diabéticos un 70% tiene hígado graso. Es una patología muy frecuente, pero una de las funciones de los médicos es no asustar a los pacientes. Entonces, cuando un paciente entra en Internet y pone hígado graso, le va a decir, una causa frecuente de cirrosis, de muerte, de cáncer y de trasplante hepático. Entonces la pregunta es, ¿eso es cierto? Si es cierto, pero no se lee así porque qué riesgos tiene una persona con hígado graso de hacer complicaciones, podemos decir que es el 0,1%", explicó.
En Estados Unidos es el motivo por el que más rápidamente se requieren trasplantes de hígado.
Un 0.1 de un billón, "es un montón, son miles de pacientes. Entonces uno mira la lista de espera para trasplante y las cirrosis por hígado graso es la causa uno o la dos. Pero hay que considerar que el número es un billón. Esos riesgos existen, sí pero son muy bajos. Eso hace que los pacientes con hígado graso deban ser estudiados por un hepatólogo para ver si ese hígado graso está trayendo daño al hígado o no", consideró.
Y agregó: "Si el hígado graso no trae daños significativos, estos pacientes tienen que ser manejados por un generalista porque hay que tratarles el sobrepeso, la diabetes, la hipertensión y el aumento de colesterol. Ahora si el paciente además de tener hígado graso tiene daño hepático significativo, ahí tenemos que seguirlo nosotros".
"Hasta hace poco tiempo la única forma de saber si un paciente con hígado graso, esa grasa le estaba dañando, había que hacer una biopsia, pero ahora existe un aparato que se llama elastografía que le saca una foto al hígado. Y dice si esa grasa está trayendo daño o no. Es correcto que un paciente con hígado graso al menos haga una consulta con un hepatólogo. Si el paciente tiene daños, tiene que seguir en manos del hepatólogo, pero si tiene hígado graso y nada más, lo que tiene que hacer es corregir. Es decir, tiene que hacer una vida saludable. En estos momentos no hay remedios para el hígado graso -en Argentina-. Pero un paciente que tiene hígado graso y pierde 10% de su peso corporal, ese hígado graso mejora mucho o desaparece. Hay que hacer un cambio de hábitos", sentenció.