El reciente diagnóstico de herpes zóster a Palito Ortega encendió las alarmas y despertó gran interés sobre esta afección, que, aunque no es grave en la mayoría de los casos, puede ser sumamente dolorosa y generar complicaciones serias.
Para entender el fenómeno de la "culebrilla", es clave saber que la condición para padecerla es haber tenido varicela previamente. De esto y mucho más habló la pediatra e infectóloga Verónica Loggia en El Interactivo, de Ciudadano News.
Qué es el Herpes Zóster y por qué se lo llama "culebrilla"
Como indicó Loggia, el herpes zóster es una enfermedad causada por la reactivación del virus de la varicela-zóster (VVZ). Aunque la infección inicial (la varicela) se cura, el virus tiene la particularidad de permanecer alojado en el cuerpo, específicamente en el sistema nervioso, en un estado "dormido" o latente.
"El 90% de los adultos mayores de 40 años tuvimos varicela o estuvimos expuestos al virus. Al tener los anticuerpos, ya tenemos el virus en nuestro cuerpo y podemos reactivarlo," explicó la médica y gerente médica de Vacunas GSK.
La causa de la reactivación: el envejecimiento del sistema inmune
El virus latente puede "despertar" en la etapa adulta, siendo la edad la principal causa. A partir de los 50 años, sobre todo, nuestro sistema inmune comienza a envejecer fisiológicamente, perdiendo eficacia para mantener al virus a raya. De todas formas, la "culebrilla" también puede darse en una edad más temprana. Las cifras a tener en cuenta son:
- A partir de los 50 años, una de cada tres personas tiene probabilidad de reactivar el virus.
- A partir de los 80, el riesgo aumenta a una de cada dos personas.
Otras causas importantes de reactivación son todas aquellas condiciones que disminuyen las defensas del cuerpo: enfermedades, quimioterapia, trasplantes o el uso de tratamientos con corticoides.
Síntomas clave y por qué es una urgencia si afecta al rostro
Generalmente, el herpes zóster comienza con una sensación de ardor o quemazón en una zona localizada de la piel, junto con un malestar general. Luego aparece la erupción cutánea, indicó la especialista.
¿Cómo se presenta la erupción?
La lesión es muy característica: se manifiesta como vesículas o ampollas con líquido en forma de ramillete, que generan un dolor intenso y mucha picazón. Las localizaciones más frecuentes son el tronco (tórax o espalda), aunque en el caso de Palito Ortega, se reportó en el área de la cara.
La Dra. Loggia enfatizó en la necesidad de una consulta médica precoz si las lesiones aparecen en el rostro, especialmente si afecta la parte oftálmica (el ojo). "Ese zóster tiene más riesgos de complicaciones, sobre todo neurológicas. Es una urgencia y necesita que lo vea un oftalmólogo, porque puede llegar a la pérdida de la visión", advirtió.
El dolor: la secuela que incapacita y dura años
Más allá de la erupción, una de las características más importantes y temidas de la "culebrilla" es el dolor. Un 30% de las personas afectadas puede quedar con un dolor neuropático (neuralgia post-herpética) incluso después de que las lesiones agudas desaparecen. Este dolor puede persistir desde tres meses hasta años y su frecuencia y gravedad aumentan significativamente con la edad.
Además de las complicaciones oftálmicas y el dolor crónico, el herpes zóster puede tener consecuencias neurológicas graves, como la posibilidad de producir accidentes cerebrovasculares o infartos. Por eso, no debe considerarse una enfermedad banal.
Tratamiento y la clave de la prevención con la vacuna
El tratamiento de elección para el herpes zóster son las drogas antivirales, que acortan el tiempo de evolución de la enfermedad y ayudan a mitigar el riesgo de complicaciones.
Es crucial consultar al médico apenas aparecen las lesiones, ya que el tratamiento es efectivo si se administra dentro de las 72 horas de la erupción, aseguró Loggia.
Una vez pasado el episodio agudo, existen medidas de prevención para futuros cuadros. La especialista destaca que hay una vacuna disponible contra el herpes zóster, que se recomienda:
- A partir de los 50 años en la población general.
- Desde los 18 años en personas con riesgo aumentado o inmunocomprometidas.
La vacuna se aplica en un esquema de dos dosis y está disponible en el sector privado, siendo la herramienta más importante para evitar la reactivación del virus y sus consecuencias dolorosas.
