Ante las olas de calor extremo, el cuerpo humano funciona de manera similar al radiador de un vehículo. Cuando la temperatura externa sube demasiado y no contamos con suficiente "refrigerante" (agua), el sistema falla y el "motor" se recalienta. Este fenómeno es lo que conocemos como golpe de calor, una situación de emergencia que puede llevar la temperatura corporal hasta los 40 grados.
La pedriatra Sabrina Critzmann adviertió en El Interactivo, de Ciudadano News, que los bebés y los adultos mayores son los más vulnerables en verano. Esto se debe a que pierden líquidos más rápido a través de la transpiración y, en muchos casos, tienen dificultades para manifestar la sed. Un golpe de calor no solo es fiebre; afecta directamente la parte neurológica, pudiendo provocar convulsiones, mareos y respuestas incoherentes.
El agua y la fruta: los aliados reales en verano
Una de las mayores confusiones en las familias es qué ofrecer para hidratar. Según Critzmann, el agua es el único elemento que hidrata. Los jugos industriales y las gaseosas, cargados de solutos y azúcares, pueden incluso empeorar la deshidratación al generar más sed. En ese sentido, hay claves a tener en cuenta:
- Bebés menores de 6 meses: la hidratación debe ser exclusivamente al darle de mamar o con fórmula; no necesitan agua extra.
- A partir de los 6 meses: es vital ofrecer agua con frecuencia. Las frutas de estación como el melón, la sandía o la ciruela son excelentes aliadas por su alto contenido hídrico.
- El mito del azúcar en la fruta: no hay que temer a la fructosa de la fruta entera, ya que su fibra ayuda a la microbiota y da saciedad, a diferencia de los jugos exprimidos donde esa fibra se pierde.
Horarios prohibidos y el cuidado de la piel
La gestión del tiempo es clave para evitar sustos. La pediatra recomienda evitar la exposición solar entre las 10:00 y las 16:00. Es preferible adoptar la costumbre de las provincias calurosas: bajar el ritmo, quedarse en casa bajo el ventilador o aire acondicionado y dejar las actividades recreativas para después de las 20:00.
Además, recalca que una piel quemada o colorada pierde líquidos más rápido. Por eso, el uso de protector solar, gorritos y ropa clara con filtro UV es fundamental, entendiendo que el daño solar es acumulativo desde la infancia.
El peligro de los "2 centímetros" en la pileta
Más allá del calor, el verano trae consigo el riesgo de accidentes acuáticos. Critzmann es tajante: un niño puede ahogarse en solo 2 cm de agua. La supervisión debe ser permanente, "a un brazo de distancia", y sin distracciones como el celular.
Las piletas deben contar con cerco perimetral y los adultos deben entender que, incluso si un niño sabe nadar, el riesgo de un descuido siempre está presente. Refrescarse con rociadores o mangueras bajo cuidado responsable es la alternativa ideal para disfrutar sin peligros.

