En un escenario donde las redes sociales, el trabajo y las pantallas acaparan la vida cotidiana, cada vez más personas en Argentina parecen relegar el sexo a un segundo plano.
La psicóloga Jacqueline Orellana Rosenberg, especialista en vínculos y terapia de pareja, advirtió en diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch), sobre una "crisis vincular" que atraviesa todas las edades y que está afectando directamente la sexualidad.
"Estamos en un momento de crisis en la forma de vincularnos. Las aplicaciones, las redes, los reels... todo eso influye, y lo vincular repercute en la sexualidad. Hay problemas de comunicación, de conexión real", explicó Orellana Rosenberg.
"Estamos en un momento de crisis en la forma de vincularnos, y los vínculos influyen en la sexualidad. Hay problemas de comunicación, de conexión real."
Según la especialista, las estadísticas muestran una baja significativa en la frecuencia sexual, especialmente entre los jóvenes, un grupo en el que, en teoría, la pulsión hormonal debería ser más activa. "En el consultorio vemos que a los jóvenes les cuesta mucho mantener relaciones sexuales. Y eso preocupa, porque es un momento de la vida en el que se esperaría lo contrario", señaló.
El fenómeno también se presenta entre personas mayores de 40 años, en su mayoría parejas consolidadas desde hace tiempo. "Aproximadamente un 30% consulta para resolver juntos un problema que los dos tienen ganas de trabajar. Pero el desgaste, el estrés y el uso excesivo de dispositivos los aleja del contacto físico real."
"En el consultorio se ve que a los jóvenes les cuesta mucho mantener relaciones sexuales, y eso preocupa, porque es una etapa donde se espera que lo hormonal colabore."
Una de las principales causas de esta recesión sexual, según Orellana Rosenberg, es que "nos vamos a la cama con el celular en la mano". Ese gesto aparentemente inofensivo genera dopaminas similares a las que se liberan en una relación sexual, pero sin el contacto ni la intimidad que nutre el vínculo.
"La intimidad no es solo sexual. Es agarrarse la mano, mirarse. Eso fortalece la autoestima, reduce el estrés, y puede generar deseo al final del día. Pero si esperamos a la noche para tener sexo, justo cuando no damos más, estamos errando el enfoque."
"Hoy todo es porno. No me refiero a las películas, sino a una saturación simbólica del sexo en canciones, redes, profesionales... y eso apaga el deseo."
La presión por el rendimiento también juega en contra. La especialista describe un entorno "pornográfico" no en el sentido explícito tradicional, sino como una saturación simbólica: "Hoy todo es porno. Hay una exhibición permanente del sexo: en las canciones, en redes, en los profesionales que te explican cómo tener orgasmos".
"Se habla mucho, pero se hace poco. Y en lugar de despertar deseo, tanto bombardeo lo apaga. Porque para que haya deseo tiene que haber algo que falte, algo por descubrir. Y acá está todo dicho, todo relleno", destacó la entrevistada.
Además, Orellana apunta a los efectos de la "generación de cristal" y la baja tolerancia a la frustración como parte del problema: "Muchos jóvenes fueron criados al margen de los conflictos, sobreprotegidos. No toleran la angustia ni la incertidumbre, dos componentes inevitables en una relación sexual auténtica. Sumado a las citas por apps, que son una frustración cada cinco segundos, muchos prefieren evitar el encuentro real."
"La baja tolerancia a la frustración es en realidad una baja tolerancia a las emociones. Eso nos aleja de los vínculos reales y sostenidos."
En ese contexto, tener hijos aparece como un "cuco", asociado a pérdida de libertad, sacrificio y malestar. "Estamos frente a una gran crisis en torno al deseo, la intimidad y los proyectos compartidos. La inmediatez digital y la sobrecarga de información nos alejan cada vez más de los otros y también de nosotros mismos."
¿Es posible revertir la tendencia?
Para Orellana Rosenberg, la salida no pasa por más información ni por seguir idealizando el sexo: "Tenemos que volver a mirar al otro, a sostener la intimidad desde el afecto, el juego, la presencia. Dejar espacios vacíos donde pueda nacer el deseo. Y entender que el sexo real, como el amor, necesita tiempo, contacto, tolerancia y creatividad".
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