La adolescencia es sinónimo de rebeldía, una del tipo que no es aleatoria, sino que parece tener una explicación científica y que está relacionada con la evolución del cerebro de los chicos que a partir de los 13 están programados para ignorar la voz de sus padres.
Según concluye un estudio, publicado a finales de abril por la revista JNeurosci, el cerebro de un adolescente está programado para dejar de registrar la voz de los progenitores.
Laura Santellan, psicóloga, señaló en el magazine de Ciudadano News, El Interactivo: "Todos los seres humanos necesitamos límites en todo los momentos de nuestro ciclo de vida. Y los adolescentes no son la excepción. Los adultos deben marcar los límites que son sociales, culturales, familiares, vinculares y los adolescentes no están exentos".
"Que sea un momento en la vida en donde se busca la libertad, la definición de la propia identidad, se relativizan los vínculos familiares que tenían tanto peso en la infancia. No quiere decir que el buscar el contacto con pares, el estar entre jóvenes no signifique estar limitado. Es decir, pasamos, siempre, los movimientos culturales. Tienen una etapa", consideró.
Recordó que, "pasó a mis 50 años, 60, 70, inclusive 80 años con muchos límites. Con adolescentes muy pautados donde sobre todo en nuestro país las mujeres tenían mucho menos permisos que los hombres en su momento. Todo tenía que ver con la pauta, la regla, con hacer lo que estaba bien, el buen comportamiento social, sexual. Todo estaba pautado entre el bien y el mal. Pasamos a un momento actual en donde se dice su majestad el niño, también está su majestad el adolescente".
"Pautan mucho, sienten que son merecedores de todo, les cuesta mucho acatar normas, tener que responder a las pautas sociales. Pero si los papás piden que respondan al temor, el padre tiene miedo que salga y vuelva solo, entonces pasa 3 horas parado en la puerta de un boliche hasta que los chicos salgan. Los padres están como muy sacrificados frente al adolescente que quiere tener una buena calidad de vida como adolescente", dijo.
Aclaró que, "entonces, los padres sacrifican muchas veces sueños, tiempos, dinero para que los chicos no se frustren. Los papás de los adolescentes de hoy son papás que han sido muy reglados en su momento. Y que ahora buscan que los adolescentes no sufran, no se frustren, hay mucho miedo en estos papás. Entonces el cuidarlos, el tenerlos de alguna manera seguros, los hace sacrificar muchas veces dinero, esfuerzo, tiempo y también las propias necesidades de los papás adultos".
"Los papás no tienen que ser amigos de sus hijos, tienen que fomentar la confianza, fomentar el consejo, la escucha por parte de los chicos, por lo tanto, tienen que ser papás que sepan hablar con los adolescentes. Para saber hablar con un adolescente hay que saber, escuchar, tolerar la inconsistencia entre los parámetros adultos-adolescentes. Pero no necesariamente validar todo comportamiento adolescente, no es necesario, no es bueno para ellos", argumentó.
Y enfatizó: "Por lo tanto, los padres tienen que entender que los cambios culturales los vamos haciendo de a poco, si nosotros validamos el consumo de marihuana o alcohol. Si validamos el prefiero que lo haga en casa a que lo tome afuera, estamos construyendo un estatus quo que es que los chicos comiencen a tomar como válido que la madre le compre en el mercado la bebida alcohólica que va a tomar en la previa. Porque aún es menor de edad y no lo puede comprar".
"Los adultos estamos cometiendo un gran error, si de a poco vamos validando. En el interior del país es distinto a CABA que tal vez tiene más control. En el interior es cada vez más habitual que en las fiestas de 15 la familia compre el alcohol para los adolescentes. Y la verdad que podemos decir que no, porque es ilegal que un adolescente consuma alcohol. Además, que hace mucho daño en su salud, porque aún no tiene un hígado preparado ni un cerebro adaptado para la ingestión de alcohol y menos de una manera desproporcionada", apuntó.
Indicó que, "si un adolescente de 17 años todavía no está preparado para una intoxicación alcohólica, puedo ponerlo en riesgo. Mucho más con un chico de 14 años. Entonces no validemos comportamientos que sabemos que no son saludables para nuestros hijos porque de alguna manera lo estamos estableciendo como un status quo. Entonces sí de a poco nos vamos imponiendo a ciertas cuestiones de la mayoría por encuestas, los papás no están de acuerdo que beban en una fiesta de 15. En su propia casa o que fumen porro en su propia casa o inclusive que se intoxiquen con alcohol en el último primer día, dejemos de validar aspectos y conductas que preocupan a los adultos".
"Si uno de a poco va poniendo límites, pautando que no haya consumo de alcohol en casa hasta cierta edad y que ningún papá lo autorice por la salud de los chicos, de a poco se van a ir estableciendo pautas culturales en donde los chicos no tomen. Pongo como ejemplo el cigarrillo, cuando era adolescente fumar era lo más habitual, hoy por hoy son menos los chicos que fuman. Hoy está connotado de manera negativa".
Puso como ejemplo que, "cuando era joven los recursos naturales no eran valorados como los son ahora, entonces podemos establecer cambios culturales y de a poco vamos tratando de infiltrar ideas que nos parecen más viables y más seguras para los chicos".
"No es lo mismo un adolescente de 14 años que uno de 16. Las capacidades de decisión mental y el desarrollo emocional y cognitivo que tiene un adolescente de 14 no es igual que el de 16. Los padres deberíamos diferenciar las edades en la adolescencia. No es lo mismo todo. Entonces ir ayudando a los adolescentes a que los permisos sean coherentes con la edad que tienen. Y no compensar con el cuidado tipo soporte que da el adulto", analizó.
Y remarcó: "Tiene 14, no acuerdo que vaya al boliche, pero como todos los adolescentes van en vacaciones. Entonces qué hago, me quedo en la puerta. Lo llevo, lo traigo, entonces los adultos lo que hacemos es compensar aquello que nos da miedo y autorizamos. Hasta algún papá he escuchado que se quedan monitoreando en la puerta del boliche porque tienen miedo".
"Hay menos controles en los boliches balnearios. Eso que vamos haciendo para compensar el permiso que damos sin estar de acuerdo, es lo que termina aproximando a los adolescentes a una conducta de riesgo. Si decimos que no, no tenemos que hacer sacrificios, nosotros ni los chicos estaríamos expuestos a cuestiones que tal vez con 16 años logran discriminar mejor y decir no ellos", manifestó.
Admitió que, "los chicos tienen permisos que tal vez son excesivos, pero a su vez los padres son muy protectores, les hacen los trámites. Generamos dependencia e ineptitud en los chicos, pero a su vez le damos un montón de libertades con mucho temor. Entonces seamos coherentes, ayudemos con la autonomía de los chicos a que puedan discernir, que puedan salir a la calle con cuidado. Si generamos autonomía y capacidad de discernimiento en los chicos, también los ayudamos a que ellos se sepan cuidar".
