En un rincón de Granadero Baigorria, a pocos kilómetros de Rosario, la diseñadora Sofía Bissolatti encontró una forma única de unir arte, memoria y vínculo emocional: creó Chau Anhedonia, un taller donde se fabrican esculturas personalizadas de mascotas -en algunos casos fallecidas-. Cada pieza es un homenaje tangible que captura gestos, expresiones y momentos únicos compartidos con esos seres que marcaron la vida de sus dueños.
En diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch), la protagonista reveló algunas de las claves detrás de este proyecto.
Un emprendimiento nacido del dolor y la compañía
La historia de Chau Anhedonia comenzó con Blue, un perro mayor que vivía solo en la casa a la que Sofía se mudó junto a su pareja. "Nos costó ganarnos su confianza, pero se convirtió en nuestro compañero. Quise rendirle homenaje", contó. Así nació la primera figura, a partir de un mate en 3D con la imagen de Blue.
Lo que empezó como un objeto personal, se convirtió rápidamente en un fenómeno compartido: las redes sociales comenzaron a viralizar la iniciativa, y los pedidos no tardaron en llegar.
La segunda gran ola de popularidad llegó cuando Sofía decidió ir más allá del mate y diseñar esculturas completas. "Quería que llegara a más personas. Fue un boom. Nos empezaron a escribir desde Japón, Países Bajos, Chile, Estados Unidos. Fue una locura hermosa", recordó. En ese momento, el taller era el comedor de su casa, con materiales desbordando el espacio. La expansión fue inevitable.
De pasatiempo a homenaje colectivo
Hoy, Chau Anhedonia se convirtió en un equipo de seis personas que trabajan a tiempo completo. Producen más de 120 esculturas al mes y tienen una lista de espera activa. Cada figura es única y se realiza de forma artesanal. "No usamos aerógrafo. Pintamos a mano porque quiero que cada pincelada tenga alma. No me importa que lleve más tiempo, esto no es una fábrica, es un homenaje", explicó Sofía.
El proceso combina tecnología y arte: la base se imprime en 3D con plástico, pero el resultado final tiene textura, profundidad y presencia emocional. Luego de la impresión, cada figura se lija, se le aplican capas especiales para suavizar la superficie y se pinta manualmente en varias etapas. El producto final tiene una carga emocional que los clientes valoran profundamente.
¿Cuánto demora una escultura y cómo se encarga?
Actualmente, el tiempo de producción va de los 30 a 45 días hábiles, dependiendo de la complejidad y el volumen de trabajo. Sin embargo, la mayoría de los clientes aseguran que la espera vale la pena. "Cuando reciben la figura, todo ese tiempo queda en segundo plano. Están recibiendo algo mucho más profundo que un objeto: es un recuerdo materializado", dice Sofía.
Los pedidos se gestionan principalmente a través de Instagram. Chau Anhedonia realiza envíos a todo el país y también al exterior. La única limitación técnica es la calidad de las fotos: para lograr una figura realista, se necesitan imágenes nítidas y actuales del animal.
El sentido detrás del nombre
El nombre del proyecto no es casual. "La anhedonia es la incapacidad de sentir placer. Así me sentía cuando todo esto comenzó. Pintar era lo único que me rescataba", contó Sofía. En ese contexto personal, Chau Anhedonia fue mucho más que un emprendimiento: fue una salida emocional, un acto de resiliencia convertido en arte.
Hoy, miles de personas encuentran en sus esculturas una forma de procesar el duelo por la pérdida de sus animales. "Pedimos que nos manden las historias de cada perrito o gatito, y muchas son impactantes. Todos tienen su historia. La gente se identifica porque vivió algo parecido: un vínculo que te marca para siempre", agregó.
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