En las costas del río Uruguay, entre San José y el ex Puerto Liebig, provincia de Entre Ríos, se encuentra un navío colosal que, a primera vista, parece un monumento. Sin embargo, se trata de una embarcación real, conocida como "el Néstor" o, por su nombre registrado, "Piedramar".
Lo raro de esta situación radica en su material de construcción, algo que muchas personas tildarían de locura: el barco está hecho de cemento. Para muchos incrédulos, su sola existencia es un mito; pero para Carlos Alberto Cottet, "el Gringo", es un recuerdo vívido de su infancia: el hombre asegura que lo vio navegar, y que llegó a cenar en su cubierta con su padre, a principios de los años 60.
Un coloso que desafía la lógica
La gran duda que persiste entre los visitantes es cómo una estructura de cemento, con un casco de hasta 30 centímetros de grosor, podía flotar. Cottet asegura con firmeza que "el Néstor" navegaba, impulsado por un motor Bolinder de cuatro cilindros y asistido por una vela triangular blanca para contrarrestar la corriente del río. Su flotabilidad, explica, respondía al Principio de Arquímedes.
Este principio establece que todo cuerpo parcialmente sumergido se mantiene a flote siempre que el peso del agua desplazada sea mayor al peso del barco. Es la razón por la que surgieron estos buques de ferrocemento, y también por la escasez de acero durante las Guerras Mundiales, donde el cemento se convirtió en una alternativa económica y disponible.
De transportar canto rodado al ocaso
El destino original de "El Néstor" era ser un "pedregullero", encargado de transportar canto rodado desde las canteras de Colón hasta Buenos Aires. Luego del declive de esta industria, y debido a sus altos costos operativos —el peso del cemento implicaba un gran consumo de combustible—, el barco fue quedando poco a poco en desuso. En 1960 se remató y fue adquirido por don Amílcar Campodónico, quien planeó usarlo como factoría de peces de río, proyecto que nunca se concretó.
Para explicar la razón del sitio donde quedó varada semejante mole de cemento, el relato local indica que una tormenta cortó sus cadenas, dejándolo a la deriva, hasta que se le practicó un agujero en el casco para inmovilizarlo. De esta manera se evitaba que una nueva crecida lo desplazara, condenándolo a su ubicación actual.
Hoy, aunque su estructura está vacía y desmantelada, con su mástil recostado a un lado, los vestigios de "el Néstor" son un atractivo turístico que relata una porción de la historia fluvial argentina. Se trata de un emblema de su tierra, un gigante de piedra que tuvo su esplendor, y cuya historia se niega a que se esfume en el olvido.

