El país atraviesa una crisis educativa silenciosa, pero profundamente alarmante, con posibles efectos devastadores a largo plazo para toda la sociedad. La reciente implementación de censos de fluidez lectora en escuelas primarias ha encendido una polémica sobre el verdadero valor del aprendizaje, al centrar la evaluación en cuántas palabras pueden leer los alumnos por minuto, sin considerar si comprenden lo que leen.
El primero en dar visibilidad pública a esta problemática fue Cristian Cuattrocchi, presidente departamental del Partido Libertario Mendoza, quien advirtió en reuniones escolares la superficialidad de este enfoque.
"Se mide sólo cuántas palabras por minuto pueden pronunciar, sin importar si entienden el contenido", afirmó con preocupación. Para Cuattrocchi, esto representa una distorsión grave del sentido de la educación, donde se reemplaza la comprensión por la repetición automática, vaciando de significado el acto de aprender.
Velocidad sin sentido: una política que vacía la educación
La crítica no es menor. En múltiples instituciones mendocinas, la lógica de este censo se repite sistemáticamente: cronómetros en mano, docentes miden la rapidez lectora sin evaluar el contenido comprendido. Esto, advierten expertos y padres, puede generar una generación de estudiantes que leen sin entender, que atraviesan textos sin detenerse a pensar en su significado o implicancias.
"La educación debe ir más allá de recitar palabras mecánicamente", remarcó Cuattrocchi, quien sostiene que "una educación efectiva fomenta la comprensión profunda y el pensamiento crítico". De no corregirse este rumbo, se está gestando un daño estructural a largo plazo: ciudadanos sin herramientas para interpretar, cuestionar o tomar decisiones informadas.
Un problema mendocino con impacto nacional
Aunque el foco está hoy en Mendoza, la preocupación se extiende a otras provincias. Políticas similares han comenzado a replicarse en distintos puntos del país, sin un análisis riguroso de sus efectos. Y lo más grave: lo que no se mide, no se conoce; lo que no se conoce, no puede corregirse.
Esto plantea una contradicción alarmante. Si la educación pública sólo valora la rapidez en la lectura, deja de lado su propósito más esencial: formar individuos libres, críticos y autónomos. "Estamos mutilando las posibilidades de futuro de nuestros hijos al entregarles una educación que los forma como repetidores, no como pensadores", advierte Cuattrocchi.
El llamado urgente a la DGE y al país
El mensaje es claro: urge un cambio de rumbo. Los directivos de la Dirección General de Escuelas (DGE) deben tomar en serio este reclamo, revaluar sus prioridades y devolverle a la educación su verdadero sentido. La instrucción escolar no puede seguir respondiendo a criterios superficiales que sólo buscan resultados cuantificables.
"Debemos enseñar a interpretar y cuestionar la información de manera eficaz", insiste Cuattrocchi, recalcando que el futuro del país depende de ciudadanos bien formados, no sólo capaces de leer, sino también de comprender y actuar con criterio.



