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El duelo "invisible": por qué la pérdida de un bebé es el dolor más silenciado y cómo sanarlo

La psicóloga Natalia Novaro explica que la muerte gestacional o perinatal es un proceso "sin palabras" ni validación social. En el día de la concientización, ofrece claves para entender el dolor y las herramientas esenciales que ayudan a las familias.

Por María Emilia Iglesias

Según la especialista, es muy importante visibilizar el duelo. — iStock Images

El 15 de octubre, designado como el Día de la Concientización sobre la Muerte Gestacional y Perinatal, sirve como un necesario foco de luz sobre uno de los duelos más profundos y menos reconocidos por la sociedad.

La pérdida de un bebé en el vientre o en las primeras semanas de vida es, para la psicóloga especializada Natalia Novaro, un dolor que a menudo se vive en la más absoluta soledad.

En diálogo con El Interactivo, de Ciudadano news, Novaro, quien dirige el proyecto "Con la luna como cuna", remarcó que esta falta de acompañamiento se debe a un problema cultural: "No solemos hablar de la muerte, y muchísimo menos de que los niños, o los niños por nacer, pueden morir." Esta carencia cultural hace que el duelo perinatal sea "invisible" y "silenciado", un proceso que no está sincronizado con el ciclo vital y, por lo tanto, representa un desafío superior para las familias.

El rol esencial de los rituales: seguir contando la historia de amor

Uno de los mayores temores de los padres en duelo es que la memoria de su hijo se desvanezca. Novaro subraya que la sanación no se trata de un "cierre" forzado, sino de "seguir contando la historia de amor". Aquí es donde los rituales y los actos simbólicos se vuelven cruciales, especialmente porque estas pérdidas tempranas suelen estar privadas de los rituales de despedida que acompañan a otros tipos de muerte.

La especialista citó ejemplos poderosos, como la creación de una "cajita de recuerdos" que contenga elementos tangibles (ecografías, pulseras identificativas) o la acción de escribir una carta de despedida que luego es liberada. Estos gestos permiten que el bebé "quede en el linaje" y en la historia familiar.

"Los niños están muy poco contaminados por los vicios que tenemos los adultos para escaparnos de los temas que nos inquietan. Ellos son grandes maestros para estas cuestiones y son muy sabios," afirmó Novaro, sugiriendo a los padres prestar atención a las señales de los hijos que sí lograron nacer.

El acompañamiento correcto: presencia y amor

Respecto al entorno social, la psicóloga es enfática en que el acompañamiento adecuado es mucho más simple de lo que parece. No se necesita una "palabra calificada", sino una "red de abrigo y de contención" que se muestre disponible y dispuesta a ayudar.

El error más común es el abandono que sucede con el tiempo. Novaro advierte que, si bien la familia y los amigos están muy presentes los primeros días, el dolor real de la pérdida comienza a sentirse con más intensidad después.

La importancia de hablar y acompañar en el proceso es clave para Natalia Novaro

"En tres meses, todos volvimos a la normalidad. El que está doliente está recién aproximándose al foco de su dolor. Y ahí es cuando normalmente lo dejamos solos." Para la especialista, el apoyo debe ser sostenido y se centra en dos acciones concretas:

1) Resolver la vida cotidiana: ayudar con "cosas pequeñitas" como un mandado o acercar una comida, ya que la persona en duelo tiene toda su energía destinada a su proceso interno.

2) Permitir que sigan hablando de sus hijos: los padres quieren "seguir presumiendo" de sus bebés, y la red de apoyo no debe silenciar el tema por temor a "hacer acordar". "Mientras no lo olvidemos, sigue vivo. Hay una parte de él que sigue vivo en nosotros," concluyó Novaro, ofreciendo un mensaje esperanzador y de transformación.

Más allá de que cada persona y familia atravesará su duelo de manera diferente y tendrá sus propios procesos, rituales o herramientas, el objetivo es saber, en palabras de Novaro, que hay esperanza y formas de visibilizar, acompañar y, sobre todo, saber que no están solos.