La relación que tenemos con los alimentos no solo impacta en nuestro bienestar físico, sino también en el emocional. En una entrevista con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch), la nutricionista Araceli Vallone explicó que es crucial entender la alimentación de manera integral, evitando las dietas extremas y restrictivas que circulan en las redes sociales. Estas prácticas, lejos de ser saludables, pueden desencadenar problemas más profundos. "La dieta lo que propone es etiquetar a los alimentos, esto se puede comer, esto no se puede comer, entonces esa información se empieza a vincular con nosotros de una manera que no es muy amorosa", advierte Vallone.
El peligro de las dietas restrictivas
Muchas veces, las dietas estrictas prohíben ciertos alimentos, lo que genera ansiedad y culpa al momento de comerlos. "Nuestro cerebro cree que no puedo comer un alfajor porque está fuera de lo que dice la dieta, en cambio, puedo comer lechuga y tomate porque si está dentro de la dieta y es lo que me va a hacer bajar de peso, mientras que un alfajor al no estar permitido no debería consumirlo y ahí empieza con un alimento y se empiezan a sumar cada vez más alimentos y ahí empieza un vínculo malo con la alimentación y esto puede desencadenar, puede quedar ahí o puede desencadenar algo más profundo", señala Vallone.
La clave, según la especialista, está en optar por un enfoque integral que incluya el manejo de porciones, el descanso adecuado, la actividad física y, sobre todo, un vínculo saludable con los alimentos.
Alimentación en pareja: el desafío de la convivencia
Cuando hablamos de parejas, la alimentación compartida puede ser un reto. "Hay que ir negociando. Muchas veces se trabaja en el consultorio en pareja. Cada uno tiene sus particularidades en la alimentación y hay otras cosas que son en común, eso facilita porque se van con la consigna de comer frutas y verduras todos los días en la mesa, eso lo pueden compartir y se ayudan mutuamente, en cambio, cuando una persona se pone a hacer una dieta restrictiva y la otra persona no, ahí empieza a fallar la situación porque no se puede sostener", explica Vallone.
La nutricionista sugiere encontrar puntos de consenso, como optar por alternativas más saludables, en lugar de eliminar por completo ciertos alimentos. Por ejemplo, reemplazar el pan blanco por uno integral con semillas puede ser un cambio positivo que ambas personas acepten.
Uno de los grandes enemigos de una relación saludable con la comida es la culpa, un sentimiento alimentado por la cultura dietante y los estándares hegemónicos de belleza. Vallone destaca cómo estas ideas, sumadas a comentarios familiares desde la infancia, pueden impactar negativamente en nuestra percepción de los alimentos. Es común que los adultos transmitan creencias negativas a los chicos, como prohibirles ciertos alimentos, lo que genera una relación tóxica con la comida que arrastran a la adultez: "Hay muchas personas, padres, madres, familiares que trasladan cuestiones con la comida y con el cuerpo a sus hijos, tenemos chicos de 7 años que tienen madres que les dicen, no comas eso, ya comiste mucho, deja para después, eso genera en las personas una mala relación con la comida. La vinculan de una manera negativa y eso después se traslada a la adultez en forma de culpa y no hay que tener culpa por querer comer un chocolate o querer tomar un helado, todos tenemos derecho a comer algo rico. Nadie debería sentir culpa", consideró
El comportamiento de los adultos tiene un impacto directo en los niños. "Decir que no tome gaseosa porque le hace mal y yo como mamá tomo gaseosa, el chico me va a copiar mi actitud, no me va a escuchar. Los adultos somos los ejemplos, podemos encontrar alternativas, un agua saborizada con un poco de menta con jengibre, limón, con mucho hielo, probablemente para algún día del fin de semana que uno tiene ganas de tomar una bebida en particular", afirma Vallone.
Además, insiste en que prohibir solo incrementa el deseo. En cambio, el equilibrio permite que los chicos aprendan a disfrutar de una alimentación variada y saludable sin restricciones estrictas.
La psicología como aliada en el cambio de hábitos
Modificar creencias arraigadas sobre la alimentación no es sencillo. "En la nutrición trabajamos mucho con la psicología, con las psicólogas porque no es tan fácil cambiar una creencia por otro, son muchos años, son creencias que están muy arraigadas y cuesta cambiar, ahí interviene la psicología y nos ayuda a poder ver las cosas de otra manera, a cambiar a los adultos y eso después como efecto positivo impacta en los chicos. ", explica Vallone.
Opciones prácticas para una alimentación equilibrada
Finalmente, Vallone comparte ideas concretas para mejorar nuestra dieta diaria. "Podemos elegir panes hechos con harina integral, de legumbres, semillas, cualquiera de estas opciones podría ir. Se puede usar un huevo cocido, aportamos proteínas y le podemos sumar alguna fruta, durazno, ciruela, uvas, sandía, melón, eso aportará agua, fibras, nos va a dar saciedad, nos va a refrescar y ese es un desayuno completo que nos va a permitir llegar al almuerzo bien", concluye.
Construir una relación sana con la comida no es un proceso inmediato, pero pequeños cambios, junto con la búsqueda de ayuda profesional, pueden marcar una gran diferencia en nuestra calidad de vida y la de nuestras familias.