La naturaleza a veces guarda sorpresas. Y aunque la extinción parece una sentencia definitiva, hay excepciones que conmueven y abren nuevas oportunidades. Eso ocurrió en febrero pasado, cuando un equipo de investigadores brasileños confirmó la reaparición del Tapirus terrestris, el mayor mamífero terrestre de Sudamérica, en una zona de la Mata Atlántica donde no se lo había visto desde hace más de 100 años.
Las cámaras del Instituto Estatal de Medio Ambiente (INEA) de Río de Janeiro registraron a tres ejemplares de tapir sudamericano, una hembra, su cría y otro adulto, desplazándose por los densos bosques del Parque Estadual Cunhambebe (PEC), un área protegida de 38.000 hectáreas que abarca los municipios de Angra dos Reis, Itaguaí, Mangaratiba y Rio Claro. El hallazgo fue calificado como histórico por especialistas y conservacionistas.
El último registro data de 1914, en el Parque Nacional Serra dos Órgãos. Desde entonces, la urbanización y la caza descontrolada lo habían erradicado.
Una selva en peligro, un símbolo que resiste
La Mata Atlántica es uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta, pero también uno de los más amenazados. Se estima que más del 90% de su superficie original está desaparecida o degradada. Por eso, la aparición del tapir sudamericano, conocido como el "jardinero del bosque" por su rol clave en la dispersión de semillas, es un hito ambiental.
El Tapirus terrestris puede pesar hasta 300 kilos y medir más de dos metros. Emparentado con los rinocerontes y las cebras, es una especie considerada "vulnerable" por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esto significa que, de no revertirse su tendencia de declive, podría pasar a estar en peligro de extinción.
"Este hallazgo refuerza la importancia de las áreas protegidas y los esfuerzos de conservación en la recuperación de especies emblemáticas", destacaron desde el INEA. El Parque Estadual Cunhambebe se consolida así como refugio clave para la biodiversidad del estado de Río de Janeiro.
Reintroducción: un trabajo de décadas
Aunque el redescubrimiento sorprendió a muchos, no es del todo casual. En la región se viene trabajando desde hace más de una década en proyectos de reintroducción del tapir, una especie que necesita grandes territorios continuos, libre de amenazas humanas.
"En Brasil hay programas con más de 10 años de trayectoria. Y en Argentina también estamos avanzando", señaló Juan Pablo Juliá, doctor en Biología y director de la Reserva Experimental Horco Moll. "Acá en Tucumán, desde Horco Molle y junto a aliados como la Dirección de Fauna, la UNT y ProYungas, trabajamos activamente en la reintroducción del tapir en las Yungas".
Estos programas implican investigación científica, cría en cautiverio, monitoreo con radiocollares, educación ambiental y acuerdos con comunidades locales. En muchos casos, la clave está en recuperar hábitats degradados y garantizar corredores biológicos que conecten diferentes zonas protegidas.
Una esperanza que trasciende fronteras
El retorno del tapir no solo emociona por su rareza, sino por lo que representa, una muestra tangible de que la naturaleza puede regenerarse si se le da una oportunidad. En un contexto global de crisis climática y pérdida acelerada de biodiversidad, cada recuperación cuenta.
Este evento también invita a mirar hacia otras especies que, como el tapir, podrían volver si se protege su entorno y se eliminan las amenazas que las pusieron al borde del abismo.
"El número de ejemplares de esta especie está disminuyendo a un ritmo que si continúa, podría llevarla a la extinción. Pero su regreso en Brasil es una luz de esperanza. Nos demuestra que aún estamos a tiempo", concluyó Juliá.
Con información de La Gaceta