Cuando un padre o una madre atraviesa un cuadro de depresión, no es solo su mundo interno el que se transforma: también se modifica la forma en que mira, habla y responde a sus hijos.
La psicóloga Maritchu Seitún lo explica con claridad en El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch): "La depresión no es algo que viene de golpe como un virus, sino que te vas deprimiendo. Vas perdiendo entusiasmos, capacidades, ideas, y sin darte cuenta, todo eso lo vas devolviendo a tus hijos".
Para Seitún, es fundamental reconocer que la depresión parental no pasa inadvertida para los chicos. Afecta profundamente su autoestima, su manera de vincularse con el entorno y la percepción de su propio valor. "Una persona deprimida está desesperanzada del mundo, de la gente y de todo. Y cuando uno está así, no es tan sencillo devolver esa mirada enamorada hacia los hijos", explica.
Una mirada que sostiene... o desarma
La profesional subraya que los hijos son muy sensibles al estado emocional de los adultos que los crían: "Los chicos son muy egocéntricos. Si su papá no le contesta lo que le pregunta, cree que es porque su pregunta es aburrida o molesta. Es vital que alguien les explique que el problema no son ellos, sino que el papá o la mamá está atravesando una dificultad de salud y que se está ocupando".
En ese sentido, Seitún propone que otros adultos cercanos—como abuelos, tíos o incluso personas que trabajan en la casa—cumplan un rol clave de contención y acompañamiento. "Es muy importante lo que puede hacer el otro adulto, explicando lo que está pasando y sosteniendo desde ese otro lugar. Esa figura puede ser un agente de resiliencia".
No todo es lo que parece
Un desafío adicional, señaló Seitún, es que muchas veces las depresiones no se manifiestan con claridad: "Hay depresiones que no parecen depresiones. Si todo me resulta tremendo, si me irrito fácilmente porque mis hijos desordenan o me cuesta mucho hacer la comida, podríamos sospechar que algo está pasando".
Frente a estas señales, sugiere no recurrir de inmediato al psiquiatra, sino comenzar por una consulta clínica: "A veces la depresión es síntoma de otra cosa, como una anemia. Empecemos por el médico clínico, y si no se resuelve, pasamos al psiquiatra".
También se refiere a los cambios en los tratamientos actuales: "Hoy la medicación es muy suave, se da para lo que se necesita. He visto personas que estaban terriblemente deprimidas y, con el tratamiento adecuado, recuperaron el entusiasmo por la vida y el vínculo con sus hijos. Yo le perdería el miedo a la medicación", remarcó.
Terapia, emoción y contexto
Seitún insiste en que no todo se resuelve con pastillas. "La depresión también puede tener que ver con no haber conectado con las emociones. A veces pasamos años reprimiendo el enojo, la tristeza, o el miedo. Es necesario hacer terapia para ver con cuántas emociones no nos hemos conectado".
Además, señaló que muchos chicos también se van "apagando" emocionalmente porque los adultos, sin querer, castigan su vitalidad. "Quizás se rió muy fuerte y lo retaron. Hizo escándalo y lo silenciaron. Piensen en la depresión como una desconexión emocional profunda".
El rol de la escuela y la comunidad
Finalmente, Seitún destaca la importancia de que también los docentes estén atentos: "Hoy un maestro que se entera que un chico está en una situación de vulnerabilidad puede hacer una denuncia para protegerlo. Antes solo lo podía hacer un profesional a cargo, pero eso cambió".
Para la psicóloga, el mensaje es claro: nadie está solo, y todos—madres, padres, familiares, docentes—pueden ser parte activa en la protección emocional de los más chicos. Reconocer la depresión como una enfermedad tratable, pedir ayuda médica o psicológica y, sobre todo, no dejar solos a los niños, es parte del camino.
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