En una tierra donde el vino es la bebida nacional por excelencia y las bodegas son catedrales de la vitivinicultura, un emprendedor local está redefiniendo el consumo con una propuesta audaz: una "bodega de café". Se trata de Gonzalo Piñeiro, fundador de República del Café (Página web: republicadelcafe.com.ar // Instagram: @republicadelcafe), quien, tras casi 15 años en la industria del vino, se atrevió a instalar en la provincia un proyecto que busca elevar el café a la categoría de un producto de especialidad, con la misma complejidad y encanto que un buen Malbec.
En diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch), Piñeiro reveló todos los detalles.
La idea nació hace unos años, durante uno de sus viajes laborales al exterior. "Estaba en Chicago, en un tostadero, y me encantó la onda", recordó Piñeiro. "La energía del lugar, con gente joven y buena música, contrastaba con la imagen tradicional que tenía de la industria. Me sorprendí y dije: 'esto es lo que quiero hacer'".
"Todo el panorama del café en Argentina está cambiando: la gente empieza a tomar cafés más sofisticados, y eso también ayuda al paladar".
A los 36 años, y sintiéndose disconforme con el mundo del vino, decidió dar el salto. El concepto de la "bodega de café" surgió de manera natural al encontrar las similitudes entre ambos mundos: "Hay diferentes orígenes, variedades, y el proceso de fermentación del café es clave, igual que en el vino".
"El café tiene mucha similitud con el vino: distintos orígenes, varietales, procesos de fermentación y tostado que determinan su sabor final".
Derribando mitos y educando el paladar
República del Café se enfoca en desmitificar el consumo local, muy arraigado a los sabores fuertes y amargos. En la entrevista, Piñeiro aclaró que el amargor es un defecto, no una cualidad. El emprendimiento se dedica a comercializar granos de especialidad, con tostados naturales y suaves, que buscan resaltar las notas frutales, cítricas y dulces del café.
"Con el azúcar le sacas un montón de defectos: los cafés de mala calidad se vuelven pasables, pero el café de especialidad se disfruta sin añadidos".
Uno de los principales "enemigos" que combate es el café torrado, una práctica en la que se le añade azúcar quemada al grano durante el tueste para disimular su mala calidad. Además, el entrevistado advirtió que está prohibido en muchos países por ser potencialmente cancerígeno.
"Hace 15 años estaba en el mundo del vino, viajaba mucho, y eso me permitió ver que en otras partes del mundo el café se toma de forma diferente a acá".
El emprendedor subrayó la importancia de elegir un café de calidad, incluso para quienes no son expertos. Al comparar un café comercial con el que ellos producen, el precio no varía tanto, lo que hace que la experiencia gourmet sea accesible para más personas. Por ejemplo, su café brasileño, Santos, que se adapta al paladar local por su sabor y un costo más accesible, se vende a $26.000 el kilo, mientras que un peruano de especialidad cuesta $38.000, una diferencia mínima para una experiencia superior.
Del agricultor a la taza
El modelo de negocio de República del Café se basa en la venta directa, sin locales al público, lo que les permite reducir costos y ofrecer un mejor precio. "Vendemos mucho en oficinas y el aroma se encarga de todo", explicó. "El boca aboca y la curiosidad que despierta el olor a café de calidad terminan captando nuevos clientes".
"El café peruano de gran altura, cosechado manualmente, está empezando a crecer mucho en Argentina; es orgánico, fresco y mantiene todo su aroma".
Además de los granos brasileños, Gonzalo trabaja con productores de Perú, estableciendo una conexión directa con los agricultores. "Lo compro directamente a los agricultores... estamos directamente comprándole a un precio mejor al que le pagaría la cooperativa", explicó. Esto no solo beneficia a las familias productoras, sino que también garantiza al consumidor un café orgánico, de altura y de gran calidad, ya que el proceso es totalmente manual.
Piñeiro señala que el consumo de café en Argentina es bajo, con solo 1 kilo por persona al año, muy por debajo de los 7 kilos en Chile o 16 kilos en los países escandinavos. Sin embargo, ve con optimismo el futuro: "La gente está empezando a entender que hay algo diferente". Para el fundador, el café no es solo una infusión, sino un ritual social, una excusa para charlar, compartir y descubrir nuevas experiencias en cada taza.
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