Mientras la economía global desacelera y los desafíos laborales se multiplican, una particular conducta se viraliza entre la juventud: el fenómeno de la "persona rata", surgido en China y replicado por millones en plataformas como Douyin (la versión local de TikTok). Se trata de jóvenes que eligen —o se ven forzados— a vivir casi exclusivamente en sus habitaciones, evitando salir al mundo exterior, pidiendo comida por delivery y manteniéndose conectados virtualmente pero desvinculados físicamente.
La psicóloga Jacqueline Orellana Rosenberg analizó este fenómeno en diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch), señalando que se trata de un síntoma con sentido, más que de una moda superficial. "Cada época inventa su forma de nombrar al síntoma. En este caso, hay una doble cuestión: el encierro junto con la interconectividad. Es un síntoma que intenta decir algo, que representa algo", explicó la especialista desde un enfoque psicoanalítico.
Ni rebeldía ni apatía: una reacción al mandato del éxito
Contrario a lo que algunos piensan, la "persona rata" no actúa por rebeldía ni pereza. Para Orellana Rosenberg, este comportamiento no es un acting ni una manifestación de enojo deliberado, sino que responde a una baja tolerancia a la frustración y a la imposibilidad de responder a un sistema que exige logros, exposición constante y perfección.
"Estamos atravesando un momento hiperexitista donde pareciera que no nos puede faltar nada: la selfie perfecta, la vida feliz, la competencia permanente. En ese marco, muchas personas sienten frustración incluso antes de intentarlo. El mundo se vuelve tan exigente que termina expulsándolas", advirtió.
En ese sentido, el encierro aparece como una estrategia de protección, una forma de evitar un entorno que se percibe como hostil y violento. "No es que esas personas hayan decidido dejar de existir. Pero ese mundo, tal como está, se les vuelve intolerable. Y si los obligamos a salir sin mediar algo, los estamos empujando justo a lo que les provocó el síntoma", explicó la psicóloga.
¿Qué pueden hacer las familias?
La especialista destacó que muchas veces los padres reaccionan con ansiedad o imposición, buscando forzar a los jóvenes a "salir de la cueva" cuando lo que más necesitan es contención, comprensión y nuevas formas de vinculación.
"Hay que bajar las expectativas de éxito y logro. No proponerles volver al mundo desde la lógica de los premios o la productividad. Hay que generar situaciones cotidianas, sencillas, que abran canales de comunicación. Ver juntos una serie, cocinar algo, mirar una película... ya somos dos compartiendo un espacio, una emoción, una charla posible", recomendó.
Una sociedad que corre tras el éxito
La psicóloga fue tajante al señalar que este fenómeno no puede abordarse solo a nivel individual o familiar. Se trata de un síntoma colectivo, de una sociedad que hace mucho tiempo viene "corriendo tras el éxito" —como canta Serrat—, dejando de lado los vínculos reales, el compromiso con el otro y la posibilidad del error, del descanso y de la imperfección.
"La pandemia contribuyó a aislar, y las redes consolidaron un modelo de perfección constante. Mostramos en Instagram lo que quisiéramos ser, no lo que somos. Entonces, no es raro que muchos jóvenes sientan que no tienen lugar en esa narrativa y opten por retirarse", analizó.
¿Refugio o señal de alarma?
Lejos de ser una simple tendencia, la figura de la "persona rata" es, según Orellana Rosenberg, un llamado de atención urgente. Un síntoma que exige ser escuchado antes que corregido, comprendido más que combatido.
"El encierro y la conectividad no son solo una forma de evasión, también pueden ser una forma de resistencia. Pero debemos estar atentos a cuando esa resistencia se vuelve sufrimiento", concluyó la psicóloga.
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