Cuota alimentaria y divorcio: el impacto psicológico detrás de la ausencia económica
No cumplir con el pago de alimentos no solo es una falta económica: también puede ser una estrategia de poder, con consecuencias emocionales profundas para madres, padres e hijos.
El divorcio no solo implica una separación legal: también puede abrir una trama compleja de manipulaciones y maltratos invisibles, donde el dinero se convierte en una poderosa herramienta de control. Así lo explicó la licenciada Adriana Monetti, psicóloga especializada en pareja y familia, en Acceso Directo(lunes a viernes, de 16 a 17, por FM 91.7, Ciudadano News en YouTube o Facebook y Ciudadano_News en Twitch).
Monetti advirtió que el incumplimiento de la cuota alimentaria no debe interpretarse únicamente como una falta económica. "También puede ser una forma de crueldad", sostuvo. Según ella, muchas veces se utiliza el dinero como una vía para mantener poder sobre la expareja e incluso sobre los propios hijos.
El rol del proveedor y el peso de los estereotipos
En el modelo cultural tradicional, se asigna al padre el rol de proveedor principal. Monetti señala que, tras una separación, este esquema suele replicarse con un sesgo perjudicial: el hombre, amparado muchas veces por fallos judiciales, aporta solo entre el 20% y el 30% de sus ingresoscomo cuota alimentaria, incluso cuando los hijos conviven con la madre la mayor parte del tiempo.
Cuando el padre no puede —o no quiere— cumplir, la responsabilidad puede recaer sobre los abuelos paternos, incluso siendo jubilados. "Hoy hay casos donde se descuenta un porcentaje de las jubilaciones a los abuelos para garantizar la obligación alimentaria", apuntó la psicóloga. Esto, en su visión, visibiliza aún más la urgencia de pensar el cuidado desde una perspectiva de corresponsabilidad real.
Más allá del dinero, lo que se pone en juego es el vínculo afectivo con los hijos. "Esa indiferencia hacia sus necesidades habla de una desconexión emocional profunda", remarcó. En muchos casos, la ex pareja con mayor capacidad económica ofrece planes, regalos o beneficios esporádicos a los hijos, mientras que muchas veces es la madre quien enfrenta sola las responsabilidades cotidianas.
"El mensaje termina siendo: conmigo estás mejor, tu mamá no puede darte lo mismo", describió Monetti. Esta estrategia, asegura, genera una fuerte inestabilidad emocional tanto en los hijos como en el progenitor conviviente. El resultado: madres desbordadas emocional y financieramente, "a las que se acusa de locas o inestables como forma de desacreditarlas".
El mundo de los adultos, es de los adultos. Los chicos tienen que ser chicos y necesitan a ambos padres, asegura Adriana Monetti
La necesidad de visibilizar la violencia económica
Para Monetti, este tipo de maltrato debe ser reconocido como tal. "Es una forma invisible pero concreta de crueldad", afirma. "No se trata solo de leyes ni de abogados: hay que mirar la dinámica vincular que sigue existiendo después del divorcio".
En ese sentido aconsejó que, frente a estas situaciones, la madre —o el progenitor conviviente— evite caer en provocaciones y se enfoque en ser una base segura para sus hijos. "No hablar mal del otro, no desbordarse emocionalmente frente a ellos: todo eso construye salud emocional", insistió. Además, asegura que es indispensable evitar que los hijos queden en el medio, que sean emisarios o mensajeros de los padres. "El mundo de los adultos, es de los adultos. Los chicos tienen que ser chicos y necesitan a ambos padres", afirmó la licenciada.
Hacia divorcios más civilizados y conscientes
Monetti promueve lo que define como 'divorcios civilizados': procesos en los que ambas partes, con ayuda profesional especializada, logran construir una nueva dinámica basada en la responsabilidad emocional y moral.
"No se trata solo de cumplir con una cuota, sino de entender que el cuidado continúa después del divorcio", concluyó. "Porque el daño no lo sufre solo la expareja, lo terminan viviendo, y muy profundamente, los hijos".