Las vacaciones suelen cargarse de una expectativa peligrosa: la obligación de pasarla bien. Sin embargo, muchas veces regresamos más cansados de lo que partimos. Para la psicóloga Adriana Monetti, el problema radica en que no sabemos "habitar" el presente y seguimos funcionando bajo la lógica del rendimiento.
El riesgo del "modo producción"
Vivimos acelerados, incluso cuando armamos el bolso. En diálogo con El Interactivo, de Ciudadano News, Monetti explicó que el mayor error es trasladar el ritmo laboral al tiempo libre. "El 'tengo que' es modo producción", advierte la profesional. Esto afecta no solo a los adultos, sino también a los niños, quienes suelen estar sobreexigidos con actividades incluso en su tiempo de ocio.
Habitar las vacaciones significa convocar a los cinco sentidos y permitirse contemplar el entorno sin la presión de "producir" recuerdos o fotos constantes. Es, en esencia, desidentificarse de lo que los demás esperan de nosotros en el rol de trabajadores o padres.
Viajar en pareja: ceder no es obligación
Uno de los puntos de mayor fricción ocurre al viajar de a dos. Pasar de verse unas pocas horas a convivir las 24 horas del día puede generar distancias emocionales si no hay acuerdos previos.
Monetti sugiere crear "microemprendimientos" de vacaciones: proyectos pequeños que entusiasmen a ambos, pero respetando la individualidad. "Ceder y conceder no significa que todos tengamos que hacer todo juntos", aclara. Si uno desea dormir la siesta y el otro prefiere una excursión, respetar esos espacios individuales es lo que evita que la relación se tense por forzar una conexión que no fluye naturalmente.
El mito del sexo y la reconexión forzada
En consulta, es común escuchar la frustración por la falta de encuentros sexuales durante los viajes. La especialista es tajante: el sexo no se fuerza. La clave para reconectar con el otro es el lugar lúdico, la complicidad y el compañerismo. Si se obliga al disfrute, se vuelve al "modo trabajo" y el placer desaparece.
En definitiva, descansar es una cuestión de libertad de acción. Escucharse a uno mismo y permitirse decir "hoy no tengo ganas" es el primer paso para que las vacaciones cumplan, finalmente, su función reparadora.