Por estos días, un equipo de investigación del IBAM (CONICET - UNCUYO) trabaja en un proyecto que podría abrir una nueva puerta en la transición energética y en el aprovechamiento de residuos orgánicos. El Dr. Martín Palazzolo, especialista en biorrefinerías, explicó en El Interactivo, los avances en la producción de un bioaceite obtenido a partir de yerba mate usada, un residuo cotidiano y disponible en todo el país.
"Las investigaciones se centran en lo que sería la transición energética. La propuesta es encontrar una materia prima que pueda suplir el petróleo, por razones económicas, sociales y ambientales. La carrera contra el tiempo es brava y es importante encontrar un reemplazo", señaló Palazzolo.
Explica que el desafío no es sencillo: el petróleo posee una gran variedad de moléculas que permiten fabricar desde energía hasta plásticos y productos de uso diario. Sin embargo, la búsqueda de alternativas renovables avanza en varias direcciones. Una de ellas es la pirólisis, una técnica que permite convertir biomasa en nuevos compuestos químicos aprovechables.
En este caso, la materia prima es familiar para todos: la yerba mate que desechamos después de cebar.
"De los 50 gramos que cargamos en un mate, solo usamos una parte. El resto suele terminar en la basura. Si alguien la composta, ya está contribuyendo positivamente. Nosotros vamos un paso más allá: juntamos esos residuos, los secamos y los procesamos en un reactor de pirólisis", explicó el investigador.
Mediante ese procedimiento, la yerba consumida se transforma en tres productos:
- Un bioaceite,
- Un sólido similar al carbón,
- Y un gas combustible.
"Los tres pueden utilizarse tal como están o transformarse en otros productos. El objetivo es reemplazar, en parte, los derivados que hoy obtenemos del petróleo", añadió.
Biorrefinerías locales: un cambio de paradigma
Palazzolo destacó que este tipo de desarrollos no pretenden centralizar la producción —como ocurre con el petróleo— sino adaptarla al territorio y a sus residuos.
"Estoy empezando un grupo de investigación en Mendoza para responder preguntas locales. Aquí tenemos residuos de la industria vitivinícola, de hortalizas, además de la yerba. La idea es transformar esos residuos y evitar que terminen quemados. Cuando se queman, perdemos riqueza química y además generamos daño ambiental", describió.
La propuesta es pensar en biorrefinerías de pequeña escala, ubicadas cerca de los centros productivos:
"En un departamento vitivinícola debería haber una biorrefinería que procese sus residuos. No se trata de hacerlo en una casa; en el hogar lo ideal sigue siendo compostar. Pero sí se puede organizar la recolección y transformación a nivel regional", afirmó.
El primer paso empieza en casa
Para el investigador, la solución no depende solo de la ciencia, sino del cambio cultural en el manejo de los residuos.
"La ecuación empieza por casa: separar residuos compostables y no compostables. Ya existe una economía para el cartón, el aluminio, los pastos. Con solo hacer una buena separación de orgánicos y reciclables, estamos generando un impacto muy positivo", concluyó.
El desarrollo se encuentra en fase experimental, pero abre una perspectiva clave: convertir un residuo cotidiano, abundante y culturalmente arraigado como la yerba mate, en una fuente de energía y valor económico, dentro del camino hacia un modelo más sustentable y descentralizado.

