La aparición de chupetes diseñados para adultos, promocionados como un recurso para combatir el estrés y la ansiedad, reavivó el debate sobre los límites entre moda, salud y madurez. La tendencia, originada en países asiáticos y replicada en redes sociales, llama la atención tanto por su costado excéntrico como por sus posibles implicancias psicológicas.
En diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch), el psicólogo Alexis Alderete, explicó que estos objetos actúan como un alivio pasajero ante situaciones de malestar. "Más allá del objeto, lo que importa es la relación que se genera con él. Puede ser un chupete o chuparse un dedo: lo que provoca es una sensación de calma. El problema es que ese alivio puede derivar en dependencia y, en algunos casos, en adicción", advirtió.
El especialista sostuvo que esta moda responde, en parte, a contextos culturales donde la productividad extrema y la desconexión social generan un vacío emocional. "En países como Japón, donde las exigencias son muy altas y el contacto humano escaso, algunas personas regresan a conductas infantiles que asocian con momentos de felicidad. El chupete se transforma entonces en un objeto de identificación y pertenencia", señaló.
Para Alderete, el fenómeno también se relaciona con lo que denomina "infantilización de la conducta adulta". Según explicó, muchas personas que no logran expresar lo que sienten ni comunicar sus emociones recurren a conductas que él califica de "bizarras" para enfrentar situaciones incómodas. "Como decía Carlitos Balá, hay que dejar el chupete en el chupetómetro para entrar a otra etapa más adulta", graficó.
El psicólogo reconoció que estas prácticas no son necesariamente negativas en todos los casos, ya que pueden funcionar como un juego o un gesto reparador en quienes tuvieron infancias difíciles. Sin embargo, el riesgo surge cuando la conducta interfiere con la vida cotidiana. "No está mal ni bien en sí mismo. El problema aparece cuando se vuelve un obstáculo para relacionarse, para sostener una pareja o para desenvolverse en espacios sociales y laborales", subrayó.
Alderete recordó que fenómenos similares se observaron recientemente con el osito de peluche "Labubu", que se convirtió en un objeto de consumo masivo entre adultos. Para él, estos ejemplos muestran cómo el mercado aprovecha la nostalgia y la búsqueda de identidad a través de elementos asociados a la niñez.
Finalmente, advirtió sobre las consecuencias de esta tendencia cuando se la lleva al extremo: "Puede generar aislamiento, dificultades en la pareja y problemas para integrarse en la vida adulta. Una persona puede ser muy productiva en su trabajo, pero si no equilibra razón y emoción, puede sufrir desbordes emocionales que no sabe gestionar. En esos casos, el chupete deja de ser un recurso inocuo y pasa a convertirse en una traba", concluyó.
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