Las playas no solo ofrecen sol y mar, también funcionan como un indicador clave para medir cómo viene la temporada. Los vendedores ambulantes, expertos en su rubro, suelen tener una perspectiva más certera que cualquier analista. Pero, ¿cuánto cuesta disfrutar de un día en la playa adquiriendo alguna prenda o comiendo algo?
En años anteriores, los vendedores de sombrillas solían ofrecer una amplia variedad de modelos, precios y colores, además de juegos de playa. Este verano, el panorama es distinto. En Villa Gesell, por ejemplo, los vendedores ofrecen sombrillas grandes, de dos metros y buena calidad, a $65.000.
Si el cliente busca opciones más económicas, mencionan que las sombrillas más básicas, aunque menos resistentes, rondan los $25.000. Sin embargo, la negociación es clave: tras un rato de charla, el precio baja a $60.000, y con algo más de insistencia, el vendedor accede a dejarlas en $55.000. La necesidad de vender supera las estrategias iniciales.
En cuanto a los carritos de choclos, siguen presentes aunque en menor cantidad que en veranos anteriores. En Villa Gesell, un choclo cuesta $3.000, un aumento del 50% respecto al verano pasado, cuando valía $2.000. En Valeria del Mar, el precio sube a $4.000.
Algo similar ocurre con los panchos. En Gesell, un súper pancho con papas y salsas cuesta $3.000, duplicando su precio del año pasado ($1.500). En Mar del Plata, un combo de pancho con gaseosa se consigue por $3.500. En contraste, los clásicos carritos de licuados brillan por su ausencia en estos primeros días del 2025. Los pocos disponibles, en paradores, ofrecen licuados a $6.700.
La competencia en las playas también abarca otros productos, como los churros. Una docena de churros cuesta $9.000, mientras que la media docena se ofrece a $5.000. En Valeria del Mar, el precio de una docena de churros alcanza los $12.000. Por otro lado, los vendedores de chipá han aumentado en número, con precios variables según el tamaño y cantidad elegida.
Los helados de agua, un clásico playero, parten de los $5.000. Las bebidas parecen ser lo que menos aumentó: un agua cuesta $2.000 y una gaseosa, $2.500. Entre las opciones más sustanciosas, algunos vendedores ofrecen dos mega sándwiches de milanesa a $16.000, suficientes para alimentar a 4 o 5 personas. Si se compra solo uno, el precio es de $9.000.
Moda y accesorios en la playa
Los manteros, habituales en las playas, ofrecen anteojos que en Buenos Aires se consiguen al por mayor por $1.300, pero que en las playas alcanzan los $8.000. Aunque prometen protección UV, es sabido que solo lucen bien.
En cuanto a la moda, los vestidos tejidos de varios colores y modelos arrancan en los $12.000, con los diseños más elaborados a $25.000. Las mallas de dos piezas, disponibles tanto en la playa como en locales cercanos, se venden por $15.000 o $20.000, según el diseño.
A pesar de la variedad de productos y precios, los vendedores aseguran que las ventas aún no despegan. Confían en que los próximos días atraerán a turistas que, más allá de pasar las fiestas, se queden unos días y consuman. Aunque las estadías tienden a ser más cortas, esperan que se traduzcan en un mayor movimiento económico.
Mientras tanto, los balnearios permanecen con carpas vacías, pero la esperanza de una buena temporada sigue vigente.
Con información de BAE
